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Italia parece resignada al regreso de Berlusconi

Las últimas encuestas dan la victoria en las elecciones al ex primer ministro mientras que Veltroni, su rival de centroizquierda, recorta las distancias y aspira a neutralizar a la derecha en el Senado.

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El domingo y el lunes, un país exhausto acude a las urnas: Italia, sexta economía mundial en el grupo de los países desarrollados y también la nación a la cola de la Unión Europea en cuanto a previsión de crecimiento para 2008 (0,6%). Democracia parlamentaria desde 1948 y país lastrado por el poder de la mafia, la picaresca y los exorbitantes privilegios de una clase política desprestigiada por su avidez de dinero y prebendas.

'Italia tiene ganas de cambiar, de algo nuevo'. Walter Veltroni, candidato del Partido Democrático, resumió así el sentir de muchos italianos, cansados de vivir en un país rico en el que se dan situaciones indignas de esa condición, como unas infraestructuras obsoletas o una ciudad, Nápoles, inundada por toneladas de basura.

Aunque los 47 millones de italianos llamados a las urnas deberán elegir entre 32 listas electorales y quince candidatos a suceder a Romano Prodi, primer ministro en funciones, el auténtico duelo será entre dos candidatos: Silvio Berlusconi y Walter Veltroni, los líderes de sendas formaciones políticas que han fusionado a diversos partidos con el objetivo, que ninguno de los dos ha ocultado, de superar la tradicional atomización del panorama político italiano y conseguir un sistema bipartidista.

El primero de estos partidos, y favorito en todos los sondeos, es la fuerza política Pueblo de la Libertad, liderada por el empresario de la comunicación y ex primer ministro Berlusconi.

En esta formación confluyen Fuerza Italia, el partido fundado por Berlusconi, los postfascistas de Alianza Nacional y una pléyade de pequeñas formaciones a los que después se unió la ultraderechista y secesionista Liga Norte.

Su principal y, en la práctica, único adversario es el Partido Democrático del ex alcalde de Roma, Walter Weltroni. En octubre de 2007, tras ganar holgadamente unas primarias, este candidato aunó las principales fuerzas del centroizquierda italiano. Quedaron fuera del nuevo partido los comunistas y los verdes.

Desde el inicio de la campaña, los sondeos han dado la victoria al populista Berlusconi, que en esta ocasión ha moderado algo su tradicional incontinencia verbal y se ha abstenido de llamar 'gilipollas' a los votantes de la izquierda.

Sin embargo, Veltroni ha conseguido reducir notablemente la ventaja inicial de quince puntos que las encuestas atribuían al candidato de la derecha hasta llegar a los entre cinco y ocho puntos que establecen las últimas encuestas.

Aunque la carrera a las urnas está ya en su recta final, no todo está perdido para Veltroni. Como ya sucedió en las elecciones de 2006, cuando venció Prodi, la ley electoral aprobada por el Gobierno de Berlusconi con la intención de perjudicar a la izquierda podría volverse en su contra.

Esta ley, que hace que ningún partido pueda tener una mayoría amplia en el Senado, podría propiciar un empate técnico entre los dos grandes partidos en la Cámara Alta.

El Senado italiano tiene un poder equiparable al de la Cámara de Diputados. Entre sus atribuciones, está, por ejemplo, la de quitar la confianza al Gobierno. Si, como sucedió con Prodi, cuyo Gobierno cayó cuando un pequeño partido le retiró el apoyo de sus dos senadores, Berlusconi quedara con una mayoría exigua en el Senado, el nuevo Gobierno que salga de las urnas nacería con fecha de caducidad.

Mucho se ha especulado en los últimos días sobre una posible coalición postelectoral entre Veltroni y Berlusconi. Ayer, el candidato progresista negó rotundamente esta posibilidad.

Los italianos la llaman ‘porcellum' o ‘porcata' -es decir, cerdada-, y no han sido ellos quienes han bautizado así a la ley electoral. Fue su propio autor, el que fuera ministro de Reformas Institucionales con Berlusconi, Roberto Calderoli. Esta ley, concebida para penalizar a los pequeños partidos que apoyaban la coalición de Prodi en 2006, consagró un sistema que prevé mayorías claras en el Congreso, pero no en el Senado, cuando ambas cámaras tienes poderes equiparables en Italia. La diferencia clave es que la norma establece que la formación que obtiene más diputados obtiene un premio de mayoría, un número adicional de escaños, a escala nacional en el Congreso, mientras que en el Senado el premio de mayoría se otorga en las regiones. El resultado es que el premio queda sin efecto, pues, para obtener 173 senadores de 315 (55%), un partido tendría que ganar en todas las regiones de Italia, lo que es prácticamente imposible. Otro ejemplo: si un partido gana en la mitad de las regiones italianas, sólo obtendría 165 senadores y quedaría sin mayoría. La conclusión es que esta ley da a luz a gobiernos inviables.