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Italia se une a las protestas contra la austeridad

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Cientos de miles de italianos se manifestaron el viernes en distintas ciudades del país en el marco de una huelga general contra las medidas de austeridad del Gobierno que dicen perjudican a los desfavorecidos y no afectan a los ricos.

El sindicato CGIL convocó el paro nacional en un intento por presionar al Gobierno del primer ministro Silvio Berlusconi para que reformule el paquete de recortes por 25.000 millones de euros, que según el Gobierno es parte esencial de la campaña europea para estabilizar al euro.

En su página web, el mayor sindicato italiano con seis millones de afiliados dijo que más de un millón de personas participaron en varias manifestaciones en ciudades grandes y pequeñas del país.

Unas 100.000 personas, según estimaciones sindicales, se congregaron en la ciudad de Bolonia, capital de una región tradicionalmente de izquierdas y con un fuerte movimiento sindical.

En Roma, una larga fila de manifestantes entonando cánticos y ondeando banderas de la CGIL pasó junto al Coliseo. Los organizadores calcularon la asistencia en 40.000 personas. En Milán, CGIL dijo que unas 80.000 personas participaron de la marcha, aunque la policía calculó la cifra en 35.000.

Muchos de los manifestantes también portaban pancartas contra la automovilística Fiat, que está enfrentada con los sindicatos por sus planes para mejorar la productividad laboral en una fábrica del sur de Italia.

"Decimos no a este presupuesto. Es equivocado, injusto y atrofia el crecimiento, no reactiva la producción, no toca a los ricos y castiga a los trabajadores", dijo el líder sindical Fulvio Mammoni en un discurso ante decenas de miles de personas congregadas en Nápoles.

Tras haber dicho a los italianos durante meses que el país era inmune a una crisis al estilo griego, el Gobierno aprobó en mayo un plan de austeridad que incluye recortes a la financiación de los municipios y congela los salarios del sector público.

El Gobierno dijo que un sondeo aleatorio entre el 30 por ciento de los trabajadores estatales había mostrado que sólo un tres por ciento de ellos se habían sumado a la huelga. El apoyo al paro era dispar en algunas áreas. En Roma, operaban varios buses y servicios de metro, y muchos italianos de a pie expresaban su malestar.

"Cada vez hay más conductores de autobuses que no van a la huelga porque claramente uno va a la huelga para conseguir algo, y parece que nunca logramos nada", dijo el conductor Maurizio Rinaldi en la estación de Roma Termini, donde muchos usuarios hacían cola al sol.

Una alto cargo sindical reflejaba cómo muchos trabajadores europeos han aceptado que hay que hacer algo para recortar los déficits de los estados, pero también el temor a que la austeridad acabe perjudicando a los más pobres.

"Nadie ha negado que necesitamos hacer recortes, pero deben ser recortes que sean justos y miren al futuro, en lugar de simplemente atajar los gastos", dijo Susanna Camusso, número dos de la CIGL.

La huelga es una prueba de fuerza contra Berlusconi, cuya popularidad se ha desplomado a nuevos mínimos mientras sube el desempleo y la economía afronta dificultades para salir de su peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial.

Pero también ha dividido al movimiento sindical, ya que los otros dos sindicatos han pedido a sus afiliados que acudan a trabajar. La CGIL pidió a los empleados del sector privado que paren cuatro horas y a los funcionarios que hicieran una huelga a jornada completa para dejar claro su enfado.

Francia y Grecia también han sido escenarios de huelgas sindicales en protesta contra los planes de reformar las pensiones y recortar los presupuestos.