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Un italo-colombiano aterriza en Marte en el mayor simulacro internacional

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El italo-colombiano Diego Uribe, aspirante a astronauta, aterrizó hoy en Marte en el mayor simulacro internacional de vuelo al planeta rojo que se realiza en Moscú y en el que participan también tripulantes rusos, chinos y franceses.

Uribe y otros dos marsonautas, el ruso Alexandr Smoléevski y el chino Wang Yue, llegaron a bordo de una pequeña cápsula espacial a la superficie marciana recreada por científicos rusos en un simulador del Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú.

Los marsonautas entraron en el módulo de aterrizaje, cerraron las escotillas, se separaron de la plataforma orbital y tardaron una hora en llegar a Marte, donde permanecerán durante 30 días, según informan las agencias rusas.

Urbina, encargado junto a Wang de los experimentos científicos, realizará una primera caminata virtual por la superficie marciana el 14 de febrero y una segunda ocho días más tarde, ambas junto al ruso Smoléevski.

Cuando salga de la cápsula, Urbina tendrá que ponerse una auténtica escafandra de 30 kilos, mucho más ligera que las habituales, ya que no tendrán que trabajar en condiciones de ingravidez.

Mientras, en los próximos dos días, Uribe y sus compañeros se dedicarán a estudiar la superficie del planeta rojo con la ayuda de un robot, lo que incluye la búsqueda de fuentes de agua.

Urbina, de 27 años, nació en Colombia de madre italiana, pero emigró a Italia en 2002 para estudiar Ingeniería en Turín, tras lo que adquirió la ciudadanía del país transalpino.

En su travesía, que comenzó el 3 de junio de 2010 y dura 520 días, Urbina se llevó, entre otras cosas, varios libros de García Márquez.

Su odisea espacial intenta recrear las futuras exploraciones interplanetarias y se propone estudiar la resistencia del ser humano en condiciones de aislamiento prolongado.

Además, su experiencia servirá para comprobar la compatibilidad psicológica entre los integrantes de una tripulación de cara a futuros viajes a Marte o expediciones a la Luna, y permitirá perfeccionar la construcción de naves espaciales.

La Agencia Espacial Europea (ESA) y la rusa Roscosmos lanzaron en 2004 este ambicioso proyecto, al que se sumó posteriormente China, mientras países como Estados Unidos o España también colaboran.