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IU afronta dividida el curso político más importante para su supervivencia

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Izquierda Unida afronta el nuevo curso político asomada al precipicio, no sólo por la situación en la que se encuentra, sin grupo propio en el Congreso, sino también por las divisiones internas que la debilitan y que todos los sectores en disputa quieren solucionar porque está en juego su supervivencia.

La Asamblea Federal, que se celebrará el 15 y el 16 de noviembre, aparece en el horizonte de IU como el acontecimiento que aclarará su futuro o que lo ensombrecerá completamente.

Antes, a mediados de septiembre, está previsto que tenga lugar una reunión de la Presidencia Federal, cuyo desenlace ayudará a despejar el horizonte siempre y cuando los tres bloques enfrentados demuestren que pueden ponerse de acuerdo y transmitir al menos sensación de unidad.

Que en IU conviven sin llevarse muy bien dos familias, la de la actual dirección de Gaspar Llamazares y el PCE, no es una novedad. Sí lo es la entrada en liza de un tercer sector, la llamada "Tercera Vía" o N-II, sobrenombre que nace de la unión de las federaciones de Madrid, Cataluña y Aragón.

Éste último bloque, al que se han unido otras federaciones, como la valenciana, tiene "la llave" de la ruptura del desacuerdo, y, por tanto, la manija de que la situación de fractura interna se resuelva o continúe.

Fuentes cercanas a la actual dirección han señalado a Efe que a lo largo del mes de agosto se han producido contactos "informales" con los representantes de este último sector.

Tanto Llamazares como la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, su gran apoyo, han hablado telefónicamente con el portavoz de IU en el Ayuntamiento de Madrid, Ángel Pérez, y con el líder de EUiA, el catalán Jordi Miralles.

El objetivo consiste en deshacer el entuerto en el que vive la federación mediante un acercamiento de las posiciones y así evitar la pelea, porque estas fuentes del "gasparismo" tienen muy claro que si el PCE y la "Tercera Vía" no retiran su "órdago" la dirección actual arrancará septiembre con otro "órdago".

Así lo corroboró en una reunión a finales de julio en respuesta a lo que considera una maniobra "irregular" de los comunistas y de la N-II, y que está dispuesta a impugnar si no se produce el acuerdo.

¿Cómo ha llegado IU a esta situación? El anterior curso político terminó con una sesión de la Comisión Unitaria encargada de preparar la Asamblea que cristalizó en evidente desunión, pues, explican las fuentes, el PCE y la "Tercera Vía" se pusieron de acuerdo para sacar adelante por mayoría un sistema de reparto de delegados que les favorecía, en perjuicio del "gasparismo".

Según indican, esas normas de reparto incumplen las reglas federales; segundo, porque algunas federaciones "han hinchado los censos" de afiliados, y, tercero, porque algunos de esos mismos censos no recogen a los afiliados más "en sintonía" con la actual dirección.

Está en juego el futuro de IU, no en vano Llamazares ha anunciado que no se presentará a la reelección en la Asamblea de noviembre y, quizá por ello, la disputa está más enconada que nunca, hasta tal extremo que es "difícil que haya marcha atrás".

Las fuentes consultadas subrayan que si la N-II se retractara del acuerdo con el PCE, los comunistas reaccionarían con dureza y provocarían una sensación de ruptura más intensa, si cabe.

El líder de IU en Aragón, Adolfo Barrena, exponente de la "Tercera Vía", considera, en declaraciones a Efe, que "el entorno de Llamazares no asume que está en minoría", lo que a su entender "dificultará mucho el esfuerzo que necesita Izquierda Unida" porque sus actuales responsables "no pueden seguir en primera fila".

Aunque recalca que en IU "no sobra nadie" y que la N-II no se alineará con ningún bloque, pues "no quiere perpetuarse como una familia más de la federación", Barrena aboga por una renovación que desemboque en la configuración de una identidad nueva, en una Izquierda Unida que, antes que un partido político, sea un movimiento social.

El dirigente de IU y europarlamentario en Bruselas Willy Meyer subraya que efectivamente "se abre otro tiempo", un periodo renovado que ha de diseñar una Izquierda Unida sin subversiones al PSOE y sin la actual dirección. En su opinión, Llamazares tendría que haber dimitido al no contar con el apoyo de los órganos federales.