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James Allan, de Glasvegas, asegura que intenta abrazar el dolor y la felicidad

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Desde la publicación de su aplaudido debut musical hasta la llegada de "Euphoric///Heartbreak\\\", James Allan, líder de Glasvegas, ha pasado de saborear las mieles del éxito a tocar suelo por una sobredosis por drogas, un tíovivo emocional que ha impregnado su nuevo disco y su sonido, más intenso que nunca.

"Nadie podría aguantar la felicidad constante. Si sólo existiese felicidad, no la reconocerías, no habría dolor para medir o contrastar. Yo intento abrazar ambas", cuenta en una entrevista con Efe con motivo de su nuevo álbum, que cuenta con el tema "Euphoria, take my hand" como primer single.

La banda de Glasgow, que actúa mañana en Madrid, dentro del Día de la Música Heineken, mira ahora hacia adelante, sin presión -dicen- por estar a la altura de un primer disco ("Glasvegas", 2008), que fue candidato al prestigioso premio Mercury en Reino Unido.

"Hay mucho de ese disco que aún no entiendo. Ya no sé cuánta belleza encuentro en él, lo que no quiere decir que no me gusten las canciones, sino que cuando se está tan involucrado en un proyecto, tus percepcipones cambian. Sólo con tiempo, podré tener una perspectiva clara", dice.

En "Euphoria", grabado en la soleada Santa Mónica, en California (EEUU), el sonido del grupo se hace aún más grandilocuente, lo que nos les ha granjeado necesariamente buenas críticas. "Trabajes donde trabajes, te influye el ambiente", reconoce.

"Alguien dijo que he perdido mis raíces de clase obrera, que antes era un hombre del pueblo, portavoz del realismo social y que ahora no lo soy. Ahora soy un gilipollas, así que supongo que sí que ha influido", dice en alusión a las críticas.

"Pero no es verdad lo que dicen. Nunca fui nada de eso. Siempre intentaba lo mejor y sigo intentándolo", añade al respecto.

Apenas unos meses después de "Glasvegas", publicaron "A Snowflake Fell (And It Felt Like a Kiss)". Ahora han necesitado casi tres años para lanzar "Euphoric...". Allan duda de que ese plazo suponga "tanto tiempo" en el ámbito del rock and roll, aunque se reconoce como una persona de "reacciones lentas".

"Si me cuentas un chiste, comenzaré a reírme dentro de diez minutos, así que lo siento si tardo tanto tiempo", ironiza.

En esos casi tres años, ha dado tiempo incluso a un cambio de alineación. Salió Caroline McKay y entró la sueca Jonna Löfgren a la batería.

"No fue sorpresa, Caroline me dijo que se iba", comenta Allan, quien preguntado por las razones de su compañera, afirma simplemente que "las amistades, las relaciones y las bandas son muy frágiles y muy complicadas como para resumirlo en una frase".

Su nuevo álbum recoge "instantáneas" en las que se entremezclan optimismo y melancolía, emociones ambas que dice haber experimentado en carne propia.

En pleno auge, la banda tuvo que cancelar su actuación en el festival estadounidense Coachella de 2009. Aunque en un principio, se achacó a que Allan sufría "cansancio extremo y deshidratación", éste reconoció después que había sufrido una sobredosis.

El tema "Pain, pain, never again" ("Dolor, dolor, nunca más") es, según sus palabras, una "instantánea del optimismo". "En ocasiones, si dices algo muchas veces, llega a suceder. Intento decir de forma sencilla que estoy viviendo un cambio. Si puedo seguir por este camino más tiempo, podría llegar a brillar como una estrella", vaticina.

En la canción, que parece inspirada por su propia historia negra, cita a Kurt Cobain, cantante de Nirvana, cuyas adicciones fueron bien conocidas y que fue encontrado muerto en su casa oficialmente por suicidio. Tras preguntarle por qué la alusión a Cobain, bromea que "Louis Armstrong no rima con cocaína".

Por Javier Herrero.