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James Taylor triunfa en Madrid con un concierto a ritmo de grandes éxitos

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Dice la seria allmusic.com que en Estados Unidos, cuando se habla de "cantautores", el nombre que viene a la mente no es sino el de James Taylor, tal es la magnitud referencial del artista que esta noche, en los Veranos de la Villa de Madrid, ha ofrecido un espectáculo en el que ha sacado a relucir sus grandes éxitos.

Junto a su "Banda de Leyendas", compuesta por Steve Gadd (batería), Jimmy Johnson (bajo), Michael Landau (guitarra), Larry Goldings (piano) y Andrea Zonn (violín y coros), Taylor ha agasajado con una actuación exquisita y un repertorio impecable a los 2.500 espectadores que abarrotaban el escenario Puerta del Ángel.

Más allá de sus 40 millones de discos vendidos, Taylor pasará a la historia como un músico al que se medirá por la influencia, el ascendente ejercido sobre generaciones de cantautores gracias a sus introspectivas composiciones, su sosegado y cálido timbre vocal, y su irrepetible estilo de tocar la guitarra acústica.

En su comparecencia en el recinto madrileño, Taylor ha dado vuelo a su destreza técnica desde el primer acorde del "Secret of life" con el que arrancó el recital, enlazando a continuación con "It's growing" y el toque gospel que otorgaban los maravillosos coros de Kate Markowitz, Arnold McCuller y la propia Zonn.

Largamente aplaudida por el público, "Country road" trajo consigo el torrente sónico que proponía Gadd en cada golpe de baqueta, sólo suavizado con los sensibles acordes que Zonn extraía de su violín.

Un pequeño interludio con sabor a música irlandesa, quizás un homenaje del artista a su Boston natal, dio paso a ese arrullo que suplica compañía en "Don't let me be lonely tonight", seguido del optimismo soul que destilaba el "Everyday" de Buddy Holly que Taylor, con gran maestría, adaptó a su obra.

El público, entregado antes de que comenzara la actuación, coreó al unísono esa "Carolina on my mind" con la que Taylor rinde tributo a la tierra que le vio crecer, un susurro emotivo que viró hacia el dulce viaje, al sur de la frontera estadounidense, que el cantante de 61 años propone con "Mexico".

Tras "Shed a little light" y un descanso de quince minutos para que el grupo recuperara el aliento, Taylor alumbró una magnífica segunda mitad de concierto cuyo pistoletazo de salida corrió a cargo de "Hound dog" y la deliciosa balada "Walking man".

El country-rock de "Roadrunner" dio paso a una delicada interpretación de "Sweet baby James" que encogió el corazón a todos los presentes, súbitamente reanimados con las notas iniciales de ese "Fire and rain" que, allá por 1970, lanzó a Taylor al estrellato.

La voz del cantautor acarició al patio de butacas en "Up on the roof", una composición que creció y creció, jalonada por el estruendo a la batería de Gadd, para morir en un final de gran precisión sónica.

El torrente de blues que es "Stearoller", aliñada con el riguroso trabajo de Goldings en los teclados y el arrebato a la guitarra de Landau, propició uno de los mejores momentos de la velada, que continuó al ritmo de ese "You've got a friend" que, compuesto por Carole King, se terminó por convertir en uno de los himnos de Taylor.

"Shower the people" y "Smiling Face", dos temas espirituales y optimistas con los que Taylor llevó al público en volandas, dejaron pista libre para ese "How sweet it is (to be loved by you)" cuya existencia se debe agradecer a Marvin Gaye.

El punto final a las dos horas de actuación llegó con la poderosa picadura eléctrica "In the midnight hour" y la bella "Close your eyes", un colofón a la altura de un memorable espectáculo.