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Jaroussky dice que un cantante nunca debe olvidar que canta para rendir justicia a la música

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El contratenor francés Philippe Jaroussky, que actuará próximamente en la Quincena Musical de San Sebastián, opina que un cantante "nunca debe olvidar" que sale a escena "para rendir justicia a la música" que interpreta, y no para utilizarla como vehículo que lo reafirme como artista.

Jaroussky, que deleitará a los aficionados con su prodigiosa voz el próximo día 19 en el teatro Victoria Eugenia, donde actuará junto a la formación checa Musica Florea, admite, en una entrevista concedida a EFE, que los cantantes líricos deben tener "algo de exhibicionistas" pero "sin llegar a ser presuntuosos".

"Es necesario tener cierto ego -reconoce- pues si no nos sintiéramos satisfechos de nosotros mismos y fuéramos totalmente honestos, tendríamos miedo de subir al escenario y no podríamos cantar".

El contratenor galo, que a sus 30 años ya es considerado un auténtico fenómeno vocal, sostiene que los intérpretes como él deben ser también "un poco esquizofrénicos" con el fin de poder compaginar sus "dos vidas": la de artista, "en la que el público te ve y siente como un ser extraordinario y superior", y "la cotidiana, la de persona normal, que no debe nunca perderse".

Y es que su "trabajo", según dice, consiste "simplemente" en "ser puente entre la música del compositor y el público", en "buscar la forma de transmitir las emociones y sentimientos que el autor quiso realmente transmitir cuando compuso la obra".

A ello se une, no obstante, "la personalidad propia" que cada artista aporta, hasta lograr en las actuaciones lo que define como "una comunión" entre compositor, público y cantante.

Para él, "lo importante con mayúsculas" no es cantar, como podría pensarse a la vista de su virtuosa voz, sino "hacer música". "Podría dejar de cantar -afirma- pero jamás de hacer música".

Aunque en su infancia inició su formación musical como violinista y también estudió piano, optó por el canto cuando, con 17 años, acudió a un concierto del sopranista francés Fabrice di Falco que le causó "un impacto increíble". "Al escucharlo -recuerda- me di cuenta de que yo tenía las mismas capacidades".

"Fue una revelación para mí descubrir que podía hacer música 'al desnudo', sin esconderme detrás de un instrumento, dado que cantando el instrumento era yo mismo".

Así que con apenas la mayoría de edad y una vez superada "la mutación" de la voz característica de la adolescencia, comenzó a estudiar canto, disciplina para la que sin duda está tan bien dotado como para haberse convertido, en apenas diez años de carrera, en uno de los mejores contratenores contemporáneos.

Con una extraordinaria facilidad y agilidad en el agudo y las coloraturas, Jaroussky ha logrado, pese a su juventud, una gran madurez musical y un destacado prestigio internacional, que le ha reportado numerosos premios y le ha llevado a grabar varios discos.

El artista francés ha interpretado grandes papeles del repertorio barroco en los escenarios líricos más reputados de Europa, imponiéndose especialmente en la interpretación de autores como Vivaldi o Haendel, aunque le gusta también "rescatar" partituras "que duermen en las bibliotecas".

Reconoce que el repertorio musical para un contratenor resulta en cierto modo limitado: "No hay mucho donde elegir y, aunque no tenemos las mismas voces que los 'castrati' (los cantantes que cautivaron Europa en los siglos XVII y XVIII con su mimetismo acústico de la voz femenina) nos debemos atener a lo que se compuso para ellos, que está fundamentalmente en el barroco".

No obstante, a Jaroussky le satisface enormemente esta música, porque es "muy rica" y además otorga cierta "libertad de interpretación", debido a que en las partituras habitualmente "no todo está escrito y hay que inventar algunas cosas".

Respecto al programa que interpretará en San Sebastián el próximo martes junto a Musica Florea, bajo la dirección de Marek Stryncl, Jaroussky se muestra "encantado".