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Jason Goodwin, el viajero infatigable, lleva a Venecia a su detective eunuco

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Un viaje a pie entre Polonia y Estambul le cambió la vida a Jason Goodwin, a tal punto que volvió casado y se dedicó a escribir novelas del imperio otomano protagonizadas por un detective eunuco que envió a Venecia en su última obra, "La estrategia Bellini", que ha presentado hoy en Gijón.

El escritor británico, que estudió Historia Bizantina en la Universidad de Cambridge, ha sido el responsable de la creación del personaje de Yashim Togalu, protagonista de la serie de las novelas ambientadas en el Cuerno de Oro, "El árbol de los jenízaros" y "La serpiente de piedra", que ha continuado con su última obra en Venecia, por considerar a esta ciudad "el 'alter ego'" de Estambul.

Togalu es "un eunuco muy seductor" y el autor no tuvo más remedio que castrarlo para que pudiera hacer bien su trabajo, puesto que era necesario que pudiera interrogar a las mujeres del harén del sultán.

Pero "es que todos los detectives" de la literatura negra clásica "son eunucos": Sherlock Holmes "nunca está con una mujer" y Marlowe "conoce a las chicas, se relaciona con ellas, pero nunca se ha llevado a ninguna a la cama", ha asegurado el creador de un personaje que aun estando castrado "seduce y tiene amantes".

Otro de los aspectos que impulsaron al autor a utilizar la figura de un eunuco como protagonista de sus historias es que los hombres sin genitales "eran los sirvientes perfectos en el imperio bizantino porque no tenían ambiciones".

En ese contexto, el investigador no es más que alguien que está al servicio del sultán que quiere saber quién mata y quién roba en sus dominios.

Goodwin descubrió que quería ser escritor leyendo libros de viaje y lo consiguió al final de una travesía de seis meses caminando entre Polonia y Estambul, ciudad que le "fascinó" tanto que no pudo evitar escribir sobre ella.

La historia de su propia vida es casi literaria.

Tres jóvenes, dos chicos y una chica, deciden ir a pie a Turquía, a mitad del camino uno de ellos cambia el rumbo hacia Yugoslavia, y la pareja sigue hasta su destino. Al llegar se miran y se preguntan ¿y ahora qué?.

El resultado es una boda y al cabo de algunos años cuatro hijos que ahora le impiden a Goodwin viajar todo lo que quisiera, pero le dejan escribir novelas en los escenarios que ha conocido en sus tiempos de aventurero.

Su primera novela también fue el resultado de un viaje, a China y a la India para investigar de dónde provenía la planta del té, y siempre sus viajes han tenido una importancia fundamental en todo lo que ha escrito.

El autor de "Los señores del horizonte: una historia del imperio otomano" y "El árbol de los jenízaros", entre otros títulos, ha admitido hoy que su vocación por recorrer el mundo tenía la finalidad de "escribirlo algún día". Y ese día ha llegado hace algún tiempo.

Juan González