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Javier Barón se pierde en su propio territorio

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El innegable talento del bailaor Javier Barón se ha perdido esta noche en el desarrollo de 'Vaivenes', un espectáculo que ha buceado en los cantes antiguos de Alcalá de Guadaíra, su ciudad natal, y cuyo estreno absoluto ha tenido lugar en el marco de la Bienal de Flamenco de Sevilla.

Barón ha jugado en casa con un espectáculo que estaba concebido como un viaje emocional por la senda flamenca que une Alcalá de Guadaíra y Morón de la Frontera, en la provincia de Sevilla, con una estética que recordaba a los años 60 y al flamenco que se escuchaba en la época en las ventas y locales de carretera.

A pesar de ser un territorio conocido, el suyo propio, Javier Barón ha dejado en manos ajenas la concepción del espectáculo -con dirección escénica de Belén Candil y dirección musical de Faustino Núñez- y ha acabado perdido detrás de un elenco de excesivas dimensiones entre músicos, voces y bailaores.

Así, tras una presentación a modo de fiesta por bulerías en una venta rural, Javier Barón se ha quedado solo para reencontrarse a sí mismo en una soleá de Alcalá, el palo más significativo de la comarca, que ha desarrollado en cuatro tiempos diferentes a lo largo de toda la función.

A partir de ahí se han sucedido los números en los que el bailaor sevillano -Premio Nacional de Danza en 2008- ha estado sujeto al grupo tanto dancístico, como musical. De hecho, la importancia de la música y sus intérpretes en este espectáculo ha sido suprema, como lo han certificado Raúl Rodríguez con un tres cubano y Alexis Lefévre al violín, que han protagonizado el mejor momento de la noche acompañando a Javier Barón por farruca, la seña de identidad de este bailaor.

Con David Palomar, Miguel Ortega y un siempre inspirado José Valencia -al que le ha fallado el sonido en varias ocasiones- al cante, 'Vaivenes' ha tenido momentos musicales impecables, como la interpretación de una guajira -al baile de Antonio Molina 'El Choro'- y las cantiñas del Pinini de Lebrija.

Pero también ha habido hueco para mostrar la tradición dancística española más clásica, en la que se formó Javier Barón desde sus inicios en el Ballet Nacional de España con Antonio Gades, que ha rememorado con varias pinceladas de la escuela bolera -baile de palillos- y el fandango de Domenico Scarlatti.

Como nota de humor y señal del trabajo de investigación y rescate de cantes antiguos que ha supuesto para Javier Barón este espectáculo, el bailaor ha introducido un número carnavalero, con los tanguillos de la Murga de los Panaderos. Alcalá de Guadaíra es una tierra conocida en Sevilla por su larga tradición panadera, que durante siglos ha abastecido de este producto a toda la provincia.

La saeta de José Valencia, solo sobre un escenario en negro, ha servido de última parada antes de llegar a la estación de Morón de la Frontera, donde ha terminado este viaje musical con un fin de fiesta por bulerías donde todos han bailado y se han despedido del público con letras alusivas a los grandes genios del flamenco que ha dado esta región: Silverio Franconetti y Diego del Gastor.

Las tierras que baña el río Guadaíra marcan un territorio de gran significación para el flamenco. Entre Alcalá y Morón, el cante, el toque y el baile han tenido, a través de figuras de primerísima fila, con nombres como Joaquín el de la Paula y Agustín y Juan Talega, una enorme repercusión en el repertorio flamenco.