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"Jazz a las once" convierte los tranvías lusos en un palco musical

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La iniciativa del Ayuntamiento de Lisboa "Jazz a las once" ha convertido los tranvías y ascensores históricos lisboetas en el mejor palco para las trompetas, saxofones, guitarras y contrabajos del jazz.

Cuando llegan las once de la noche, los músicos se reparten entre los famosos tranvías amarillos que suben las cuestas más empinadas de la capital portuguesa y los ascensores históricos.

Tras varios chasquidos cada grupo musical comienza a tocar y deleita a los pasajeros mientras los tranvías suben pendientes tortuosas.

Los viajeros apiñados observan entre sorprendidos y asustados a los músicos, apretujados en la cabina del conductor en la que a duras penas caben los instrumentos.

Esta iniciativa, que se desarrolla a lo largo de este mes, se encuentra en su segunda edición y pretende suscitar "nuevas perspectivas y modos de uso del transporte público", según los organizadores.

Además, "Jazz a las once" no es sólo para trasnochadores, pues las once de la mañana también es un momento de encuentro entre el jazz y los lisboetas, cuando más de una decena de músicos se turnan para tocar en las alturas de la ciudad.

Los elevadores en los que se lleva a cabo el proyecto, considerados en Portugal "monumentos nacionales", tienen en su mayoría aspecto de tranvías, están situados en calles céntricas del casco histórico de Lisboa y permiten a los viandantes ir desde las partes bajas a las más altas de la ciudad sin subir las empinadas cuestas que las separan.

Se trata del Ascensor do Lavra, el más antiguo de Lisboa y que fue inaugurado en 1884; el Ascensor da Glória, el que registra más movimiento; el Ascensor da Bica, con el trayecto más pintoresco y el Elevador de Santa Justa, el único de recorrido vertical.