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El jesuita Figaredo crea un oasis en medio de la más absoluta pobreza

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La Reina de España pudo comprobar hoy que la labor del jesuita Enrique Figaredo en Camboya va muchos más allá de atender a unos discapacitados, al conseguir que la zona sea un oasis en medio de la más absoluta pobreza y que los cuerpos mutilados creen la máxima belleza con sus bailes.

Doña Sofía llegó esta mañana a la región de Battanbang, en el norte del país, desde Phnom Penn, y allí fue recibida con vivas por centenares de personas, conscientes de que la ayuda de la Cooperación española ha cambiado sus vidas.

El primer punto de este segundo día de viaje fue el Centro Arrupe, en donde se atiende a 42 niños víctimas de las minas antipersonas y de enfermedades como la poliomielitis, erradicadas ya en otros países, pero además a los pequeños y adolescentes de las aldeas cercanas.

La región en donde se encuentra la misión de "Kike" Figaredo ha sido y es una de las más castigadas por las minas - se calcula que en ella están más del 90 por ciento de las que hay por todo el país- que sólo el año pasado causaron más de 350 accidentes.

Si en el recorrido la Reina vio como estudian, aprenden oficios o como arreglan las sillas de ruedas, con las que muchos de ellos se ven obligados a desplazarse, lo que realmente le admiró fue su capacidad de superación.

Figaredo, conocido como el "obispo de las sillas de ruedas" se instaló definitivamente en Camboya en 1991 y diez años después se hizo cargo de la Prefectura Apostólica de Battanbang, lo que le permitió ampliar su radio de acción.

Hoy la Reina dio su apoyo y cariño a los niños de Figaredo pero también a los campesinos que asisten al centro para sesiones de rehabilitación.

En las más de cinco horas en las que permaneció en la zona, Doña Sofía pudo comprobar que, aunque el centro es católico, los miembros de la iglesia de Roma trabajan mano a mano con los budistas, que hoy no estuvieron presentes por respeto a las autoridades locales, aunque Figaredo explicó que la administración camboyana es cada vez más receptiva con su trabajo.

Antes del almuerzo, la Reina, que viaja acompañada por el director de la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID), Juan Pablo de la Iglesia, pudo ver un ejercicio de simulación de desminado y como equipos de diez o cinco personas, ayudadas por perros y maquinaria especializada, trabajan para detectar esas armas mortíferas, cuyas víctimas son principalmente niños.

La AECID aportó a esa labor más de 800.000 euros entre 2006 y 2007.

Después del almuerzo, Kike Figaredo acompañó a la Reina y a la delegación española a la aldea de Tahen, donde el obispo ha construido dos colegios, una guardería, una iglesia y un taller de artesanía.

Los productos que salen de estos trabajadores se pueden comprar después en Occidente en las tiendas de comercio justo, labor que, como todas las que se desarrollan en el centro, no sería viable sin los cooperantes.

En Tahem está la escuela de danza más importante del país, en las que se enseñan tanto bailes tradicionales como folclóricos.

Si en el centro Arrupe fue un grupo de niñas mutiladas las que demostraron que sus cuerpos crean belleza, en Tahen los grupos enseñaron como la danza puede ser una vía para la paz.

La Reina conoció también como viven los campesinos al visitar una casa típica. Construida con madera y hojas de arroz o palmera -prefieren los techos de uralita que les permite recoger el agua- es una pieza única levantada sobre postes para evitar que les arrastren las lluvias y que entren los animales, en cuyos bajos, al aire, está la cocina.

Ese palacito cuenta con uno de los mayores lujos en esta zona del mundo: un baño, que tiene tan sólo un inodoro y una pileta y que se pudo construir con el dinero que se recaudó en una de las visitas a España del grupo de baile.