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Jiménez Lozano tantea en verso un mundo en fuga con el poemario "Anunciaciones"

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Meses después de su última novela, "Agua de noria", José Jiménez Lozano ha vuelto a expresar, ahora en forma de verso con la reciente publicación de "Anunciaciones", alguna de las principales inquietudes que han forjado toda su obra y pensamiento: la estela de un mundo en fuga, añorado y necesario.

Son diecinueve composiciones donde, a pesar de su brevedad, Jiménez Lozano zarandea al lector desde la visión más pesimista y desesperanzadora hasta la confianza en lo venidero a través de pequeños y fúlgidos poemas, sencillos pero quintaesenciados, como si fueran pequeñas oraciones.

En uno de ellos, el narrador y poeta abulense escribe una profunda y extensa carta de cinco líneas al filósofo Sören Kierkegaard (1813-1855), uno de sus referentes intelectuales, para trasladarle "las últimas noticias: disolución del mundo./ Mas hay aves en el cielo,/ lirios en el campo. No ocurre nada/".

Así de desconcertante y trastornador se muestra el autor de poemarios como "Tantas devastaciones" (1992) y "Elegías menores" (2005) en un ejercicio de difícil equilibrio para el lector, al que obliga a preguntarse y debatirse en la delgada línea que separa el caos de la esperanza.

Tan pronto transmite la sensación de un mundo de plenitud como traslada la sensación de que todo ha saltado por los aires, de no existir un lugar donde posar el pie: "Algunos días, en la solana,/ echas a volar tus esperanzas,/ y no hacen sombra./ "¿Serán vanas?/, se pregunta el escritor galardonado con el Premio Cervantes 2002.

La desazón invade el espíritu del poeta en bellas pinceladas donde la naturaleza -concebida ésta como un lugar de belleza, orden y equilibrio- se erige en símbolo de lo ausente y añorado: "Llegó la nieve,/ la rosa blanca, cuando ya no hay rosas", pero también en remedio para mitigar su melancolía: "Soledad de pájaro/ solo y solitario,/ soledad del cardo/ y soledad del páramo./ Son tres soledades,/ ya estoy acompañado/".

Las aves, en forma de petirrojos, mirlos o garzas, vuelven a convertirse en protagonistas de la poesía de Jiménez Lozano para delimitar un territorio casi sagrado donde hallar consuelo a tanto desasosiego: "En un arquillo del ábside románico/ de una iglesita, un gorrioncillo./ Frágil es el pájaro,/ rotundo el ábside./ Espíritu de fineza y geometría./ Es completo el mundo"/.

Al evocar la cultura liquidada por la modernidad imperante, el escritor se acuerda de cómo "Aquel pozo/ era insondable (...)", de que "las razones/ del agua habían huido (...)", y de que "su ausencia ahogaba/", pero a continuación lanza un mensaje de aliento, de resistencia como la de aquella "Espadaña de iglesita derruida,/ sin campanas, ojos de aire./" que "No los comerá la tierra".

"Anunciaciones", editada por El Gato Gris con ilustraciones de Eduard Arbós, concluye con un canto de esperanza, de renacimiento y renovación: "Queja de alondra en la mañana fría,/ azul el aire en su salón dorado,/ anuncia el mundo/".

Es el colofón a esta nueva irrupción en verso de Jiménez Lozano, un territorio de análoga solidez a la de su obra narrativa y ensayística, como ha quedado demostrado en sus anteriores entregas poéticas: "Tantas devastaciones" (1992), "Un fulgor tan breve" (1995), "El tiempo de Eurídice" (1996), "Pájaros" (2000), "Elegías menores" (2002) y "Elogios y celebraciones" (2005).

Roberto Jiménez