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"Jode acabar tu vida con los mismos franquistas que cuando naciste"

Actriz activista. Participó en el 68 y ahora apoya al 15-M. Está en plena forma: nueva novela en otoño y más radioteatro

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Cuando tenía 22 años, Emma Cohen (Barcelona, 1946) se bajó del autobús en los Pirineos. Venía de una gira en Francia, pero decidió darse la vuelta. En autostop llegó a un París que se preparaba para las armas: era el 1 de mayo de 1968. “Empalmamos directamente con la manifa. Después de unos días me cogieron, me quitaron el pasaporte y me enviaron a España. Pero aquellos momentos fueron un trastoque vital”, cuenta la actriz y escritora desde su casa de las afueras de Madrid.

Después de esa experiencia, Emma Cohen pronto se convirtió en “esa chica del 68”: guapa, rebelde, activista, reivindicativa. Facetas que no ha perdido con los años: además de libros, su casa supura mayos. En una de las columnas cercanas al cuadro en el que aparece pintado Fernando Fernán Gómez, su pareja durante 37 años, ha colocado un póster con varios lemas del 15-M. “Me alegran muchísimo. Cuando comenzó me acercaba por la Puerta del Sol a llevarles comida. Me acordaba de una viejecita que hacía lo mismo en París en el 68”, rememora riéndose.

Emma no duda en apoyar a los indignados, aunque no está nada convencida del Nolesvotes. “Tengo amigos jóvenes del 15-M a los que les pido que hagan alguna cosa de cara al 20-N, porque como no quieren votar nos van a entregar a Rajoy. Pero es que yo soy un seis cuatro –64 años de edad– y jode un huevo tener que aguantar ahora a un Rajoy porque igual cascas en dos o tres años. Y jode acabar tu vida con los mismos franquistas que cuando naciste. Sin ver evolución”, confiesa. “¡Pero si siempre hay un partido de izquierdas que no da asco!”, añade con ese brillo de los ojos verdes que la hicieron famosa en el cine de los setenta y ochenta.

A pesar de ganarse la vida en la pantalla y el escenario, Emma Cohen no quería ser actriz. Enamorada de la biología, deseaba ser médico. También le atraía el periodismo. “Pero mi padre dijo: ‘¡Imposible! Médico es cosa de hombres, porque es muy desagradable. Y periodista no tiene una carrera universitaria’. Y ahí se acabó todo”, comenta.

Empezó a estudiar Derecho, pero se dio cuenta de que por ahí no iba a ganar ningún pleito en la vida y se lanzó al artisteo. Pero, ¡ay! los años sesenta y setenta eran los del landismo, el ozorismo, Pajares y Esteso. “Cine alimenticio”, lo llama. “Tenía que comer y pagar el alquiler”, se justifica. Las petroleras o Mayordomo para todo fueron algunos de los títulos de una etapa en la que se sintió en otro mundo. “Yo era una marciana y todos me veían como a una marciana, con lo cual me hacían sentir más marciana”, resume.

Más arriesgada y tronchante fue la época en la que dio vida a la Gallina Caponata en la primera etapa de Barrio Sésamo, en 1972. “Hice un casting de gallinas y me eligieron a mí”, confiesa. El programa se acabó cuando varios mandamases de Televisión Española llamaron a capítulo a la guionista Lola Salvador por considerarla “muy libre” y a Emma “por ser muy creativa, pero a ver, si era una gallina...”, dice con ironía. “Éramos muy rebeldes. Luego pusieron a Espinete, que ya estaba más controladillo”, apostilla.

No todo han sido gallinas y ozorismo en su carrera. Emma recuerda su cine con Fernán Gómez, “el pelirrojo”. Y la obra Las bicicletas son para el verano, que él le dedicó y que ella acaba de dirigir en formato de radioteatro, con el cual piensa seguir para enseñar lo que fue el 18 de julio a los jóvenes, “que no tienen ni idea”. Y agrega: “Si hoy se conoce la obra es por los maestros. Lo siento, pero la gente más ilustrada es más de izquierdas”, opina.

También están sus novelas. La última es Ese vago resplandor, que publicará Rey Lear en octubre y que narra una entrevista entre una homeless y un periodista. “Así me quito la espina del periodismo”, apunta maliciosa. Esa chica rebelde del 68 está en plena forma.

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