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Johnny Winter muestra su lado más genuino a base de rock y blues

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Sentado en una silla, enjuto, con la cabeza gacha y aire desgarbado, pero con facilidad para recorrer todo el mástil de su guitarra y tocar blues y rock. Así es Johnny Winter y así se ha mostrado hoy en un concierto en Valladolid, en el que ha mezclado sus éxitos con los de leyendas de esos estilos.

Vestido completamente de negro, portando un característico sombrero, con los brazos salpicados de tatuajes y con visibles dificultades para posicionarse en su asiento a su entrada en el escenario, Winter (Beaumont,Texas,1944) ha hecho alarde de capacidad de improvisación y dominio de los estilos más afamados de la música popular estadounidense de las últimas décadas.

El concierto que ha ofrecido esta noche en Valladolid ha sido una demostración de potencia, emitiendo una alta dosis de decibelios que, en ocasiones, ha hecho que no se oyera su carraspeada voz o que se saturase el sonido. Aún así, no se ha salido del guión previsto y ha otorgado al público lo que pensaba oír, lo que esperaba antes de sentarse en su asiento.

En él ha tocado canciones para poner en un viaje, las que ha mostrado el cine mil y una veces sonando en la radio del típico bar sureño de carretera secundaria estadounidense o como acompañamiento de una cuadrilla de moteros; y destinadas para ser transmitidas con un toque personal por un sempiterno "bluesman" como es Winter.

Entre guiños a varios de los artistas que hoy protagonizan las antologías del blues y del rock e interpretaciones de algunos de los más famosos temas de su discografía, Winter ha puesto en escena conocidos punteos, que ha mezclado con ritmos como el del la estrofa famosa "Sunshine of your Love", de Cream; o con versiones de Sonny Boy Williamson, Ray Charles o Jimi Hendrix.

Tras los gritos de ánimo del público que ha acudido esta noche al Patio de la Hospedería de San Benito de la capital vallisoletana, el batería Vito Lluzzi, el guitarrista Paul Nelson y el bajista Scott Spray han aparecido sobre el escenario para dar comienzo al espectáculo con un tema instrumental, apelando por primera vez a la colaboración de los asistentes.

Despacio, visiblemente delgado, con andar tranquilo y entre aplausos, Winter, el líder de la banda, ha pisado por primera vez las tablas y, sin mediar palabra con el público, ha cogido rápidamente su guitarra y ha lanzado las primeras ráfagas de notas con las que ha rematado el trabajo empezado por sus músicos.

A partir de ahí y sin pausa, la banda ha interpretado con precisión, pero también ajustándose al son de un Johnny Winter que a veces perdía el ritmo o se trababa, "Good Morning Little Schoolgirl", "Blackjack", "Sugar Coated Love", "Blackjack" o una particular versión de "Red House", de Hendrix que ha puesto a prueba la agilidad de los dedos de quien fuera elegido el 74 mejor guitarrista de la historia por la revista "Rolling Stone".

Han sido canciones tocadas por una banda que sabe del gusto de Winter por los solos prolongados, hasta el punto de que Paul Nelson se ha sonreído incrédulo ante un largo adorno que el músico tejano ha hecho al final de una canción.

Tras abandonar brevemente el escenario, el veterano músico ha reaparecido con su mítica guitarra "Firebird", con el "slide" -tubo que se coloca en uno de los dedos y con el que se consigue un característico sonido al rozar con el mástil de la guitarra- agarrado y, tras animar a un público que pedía más madera ha sacado a la palestra uno pesos pesados, como es "Mojo Boogie".

Tras esto, ha puesto punto y final al espectáculo con "Highway 61 Revisted", de Bob Dylan.