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Jordi Soler indaga en los fantasmas de la República

El escritor retrata la crudeza del exilio en 'La fiesta del oso', su última novela

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El narrador de La fiesta del oso (Mondadori) se encuentra 'hablando otra vez de la puta guerra' y tratando de averiguar qué fue de Oriol, el hermano de su abuelo desaparecido en los Pirineos al estallar la Guerra Civil. Este es el arranque de la última novela de Jordi Soler (Veracruz, México, 1963), un escritor que tras escribir Los rojos de Ultramar (Alfaguara) se quedó con ganas de atar algunos cabos que le habían quedado sueltos. En ese libro daba por muerto a su tío Oriol y en este, le sigue el rastro.

Tras una charla sobre los republicanos en Argèles-sur- Mer, una desconocida entrega una foto al narrador. Mezclar ficción y realidad es algo que divierte a Soler. La fotografía existe, y además de ilustrar la portada del libro generó su origen. 'En realidad, La fiesta del oso más que una novela es un pie de foto, es todo lo que pasa a partir de una fotografía. La historia que sale de esta imagen está anclada a cosas que le pasaron a mi familia', cuenta el autor con acento mexicano.

Nacido en el cafetal que fundó su abuelo en Veracruz, un republicano que sobrevivió al campo de concentración de Argèles, a Soler le gusta deformar la realidad. 'Tengo mucha afición por meterme conmigo y con mi familia en mis novelas. Pero no contaré cuanta realidad pongo, eso sería como preguntarle a un mago por sus trucos', afirma sonriente. La voz narrativa que comparte muchas similitudes con el autor empuja y protagoniza la trama junto a Oriol y a Noviembre.

Mientras su familia lo daba por muerto, el Oriol de ficción arrastró una pierna muerta por medio Alt Empordà y consiguió salvarse. 'Oriol me parece una metáfora de la República, durante la que se realizaron muchos esfuerzos para terminar con el país tullido', explica el autor que degrada a su personaje sin compasión. 'Me interesaba contar la descomposición de una persona. Quiere ser músico y termina siendo una bestia en la montaña porque se le ha cruzado la guerra', argumenta.

El contrapunto de la bestia es Noviembre, un gigantón que cría cabras y se hace cargo de Oriol. 'Es que los gigantes siempre me han fascinado y quería uno en mis libros', suelta con timidez un hombre que descarta Argèles como lugar de veraneo. Dice que reconciliarse con esa playa le resulta imposible.