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Jornaleros del glamour

Alonso terminó sexto, pero la sanción a Trulli le hizo ascender una posición // Magnífica carrera de Hamilton, tercero pese a salir antepenúltimo // Ninguno de los dos Ferrari acabó 

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Hay gestos que hablan, abrazos que son un puro grito. Las sonrisas inacabables de Button y Barrichello y los incontables achuchones de ambos con Ross Brawn, jefe del equipo al que da nombre, enviaron ayer desde Australia un mensaje rotundo: la F1 no es todo dinero, fachada y mega estrellas; aún hay sitio para la imaginación y el esfuerzo callado. El histórico doblete de Brawn GP en Melbourne pone en evidencia a las escuderías más poderosas, airea el cargado ambiente tradicional del paddock y abre la puerta a un Mundial imprevisible.

Sólo con temple y laboriosidad se puede sobrevivir a la siempre caótica carrera australiana. Casi la mitad de los que forman la parrilla, ocho, no alcanzaron la meta, así que los tercer y quinto puestos de Hamilton y Alonso, respectivamente, les sitúan como los mejor situados de los teóricos aspirantes al título.

El resultado de Brawn GP pone en evidencia a las grandes escuderías

El español fue uno de los grandes damnificados por el pasmo inicial de Barrichello. Al brasileño, segundo en la salida, le costó arrancar. Lejos de frenar, la jauría que venía por detrás, hambrienta de Mundial y con sed de gloria, embistió. Vettel pisó a fondo, Kubica encontró un hueco imposible, Raikkonen emergió de la nada y Webber buscó una oportunidad en su tierra. No la encontró. Se tocó con Barrichello, el Red Bull se cruzó y la pista quedó colapsada. Alonso tuvo que dibujar una escapatoria de emergencia abandonando el asfalto para circular por hierba y arena.

Perdido en la decimocuarta posición, el asturiano, con mucho oficio y poco ritmo, sacó la calculadora. Se fijó como objetivo la obtención de algún punto y, exprimiendo al máximo las nada desahogadas prestaciones que exhibió el R29, fue beneficiándose de los abandonos ajenos. Acabó sexto y luego, ya en la ducha, subió hasta la quinta posición tras la sanción impuesta aTrulli, tercero en la meta, por adelantar a Hamilton con el coche de seguridad en pista.

El campeón del mundo exhibió una desconocida madurez y firmó una carrera impecable. Desterrado a la antepenúltima posición de la parrilla, arrancó como una exhalación. Adelantó a nueve rivales en un suspiro y miró hacia el frente. Su McLaren no es el bólido del año pasado, pero, curiosamente, él tampoco parece aquel angustiado piloto que machacaba frenos y destrozaba neumático en cada curva.

A Alonso le lastró el atasco inicial y le beneficiaron los abandonos

El primer safety car de la temporada hizo su aparición tras el absurdo y duro accidente de Nakajima, pero la nueva normativa al respecto ha zanjado cualquier posibilidad de vuelco en la clasificación. Los coches, eso sí, se reagrupan en fila india, circunstancia que quiso aprovechar Piquet para adelantar a Rosberg, con fatal desenlace para el compañero de Alonso.

El español sí adelantó a Glock y enseñó el morro de su Renault a Hamilton. El que se presumía primer duelo de duelos del año no fue tal. El Renault nunca pudo inquietar al McLaren número 1. Por delante, Kubica apretó los dientes y dibujó una pasada de vértigo a Vettel. El alemán no estaba dispuesto a dejarse arrebatar el podio y ambos acabaron enganchados y fuera de carrera. Barrichello, el veterano del pelotón, halló vía libre y celebró con su compañeroButton un día de gloria.

 

La siempre caótica carrera australiana diezmó la parrilla: sólo acabaron 12