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José Cura debuta en el FIS con un esperado "Sansón y Dalila", que no defraudó

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El Festival Internacional de Santander (FIS) ha vivido esta noche una de sus jornadas más esperadas, el estreno en España de una nueva producción de la ópera de Camile Saint-Saens "Sansón y Dalila", protagonizada por el tenor argentino José Cura, que no ha defraudado las expectativas.

En su debut en el festival santanderino, José Cura ha vuelto a encarnar al héroe judío capaz de liderar la revuelta contra la opresión filistea, -hasta que Dalila se le cruza en el camino-, con la emoción y el dramatismo que le han convertido para muchos en el mejor Sansón del momento.

El público, que ha llenado el Palacio de Festivales, ha aplaudido con entusiasmo una interpretación que ha ido ganando por momentos y que ha alcanzado toda su intensidad en el encuentro entre los amantes del segundo acto, con una brillante Julia Gertseva, en el papel de la sensual y malvada Dalila.

José Cura ha regresado a uno de sus papeles fetiche, junto al Otelo de Verdi, en esta coproducción del Teatro Comunale de Bolonia y de la Ópera Royale de Walonie, que fue estrenada el pasado mes de mayo en la ciudad italiana.

Al frente de esta nueva versión de la única de las trece óperas compuestas por Sant-Saens que ha logrado superar el paso del tiempo y mantenerse en el repertorio, ha estado el director de escena polaco Michal Znaniecki, que ha huido del cartón piedra y de fidelidades historicistas para llevar al público un "Sansón y Dalila" abierto a lecturas contemporáneas.

Para contar esta historia bíblica basada en "El Libro de los Jueces", que transcurre en un lugar tan trístemente actual como Gaza, ha optado por el minimalismo, con la colaboración del escenógrafo Tiziano Santi, y por subrayar el conflicto entre dos mundos enfrentados, cada uno con su propio dios.

La iluminación y sobre todo el vestuario, creado por Isabelle Comte, remarcan ese contraste entre el mundo gris, como visto en blanco y negro de los judíos, y el colorido con que se presenta a los filisteos.

Además, los esclavos israelitas llevan largas vestiduras, los soldados filisteos parecen sacados de un cómic de ciencia ficción y Sansón va vestido como en pleno siglo XXI, para recalcar la vigencia de un personaje que termina matando y muriendo en el nombre de Dios.

Y lo hace al final de un tercer acto que arranca con el ballet que no podía faltar en cualquier ópera francesa y que en este montaje, en lugar de recrear el exotismo que tan de moda estaba en el París del XIX, cobra tintes macabros.

Mientras un Sansón ciego que ya ha perdido su fuerza es humillado por sus enemigos y también por los suyos, en el templo de Dagón se celebra la victoria filistea con una bacanal y los muertos, invitados al baile, se van acumulando ante los ojos del espectador.

"Sansón y Dalila", que fue estrenada en 1877 en Weimar con el patrocinio de Liszt porque su autor no encontró un teatro francés que se atreviera con ella hasta unos cuantos años después, iba a ser en un principio un oratorio, un origen que se puede rastrear en los coros, que juegan en la ópera un importante papel.