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José Cura dice que en la ópera sólo perduran los artistas más sólidos

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El tenor argentino José Cura lleva ya veinte años en los escenarios y en ese tiempo ha visto cómo se "rompían" muchos cantantes, con talento o sin él. Tiene claro que el mundo de la lírica exige "unas espaldas fuertes" y que sólo los artistas más sólidos perduran, una "ley natural" que extiende a otros territorios como el deporte o la política.

Compositor, director de orquesta y de escena, además de cantante, ahora puede permitirse el lujo de buscar nuevos caminos aunque cree que todavía hay que romper clichés y acabar, por ejemplo, con la idea de que un intérprete no puede ser también el director de la ópera en la que actúa.

"Un Redford o un De Niro dirigen y actúan y no pasa nada. Con tu buen equipo de asistentes y una buena coordinación todo se puede hacer", afirma en una entrevista con Efe este músico polifacético que acaba de debutar en el Festival Internacional de Santander y al que le esperan proyectos como un nuevo "Sansón y Dalila" en 2009, en el que cantará, dirigirá y creará la escenografía.

Además en su agenda hay un "Réquiem" de Verdi que dirigirá en su país. La posibilidad de volver a su tierra es un tema de conversación recurrente entre el tenor y su mujer pero por el momento no lo ven justo para sus hijos. "Toda su vida está aquí, sus amigos, sus raíces. Sería como romper la familia", explica.

Sin embargo, no descarta que si dentro de diez años recibe "una oferta halagadora" de su país pueda vivir a caballo entre España y Argentina, "donde no sólo está el Colón, también hay teatros magníficos en el interior".

A donde es posible que regrese, aunque habrá que esperar a 2012, es al Teatro Real, en el que no actúa desde que hace ocho años se encaró con un sector del público que le abucheó. Haciendo un juego de palabras, asegura que las relaciones con el coliseo madrileño van "realmente bien" pero cree que son sus responsables quienes deben ampliar el significado de esa expresión.

José Cura se formó como compositor y director de orquesta pero sus circunstancias vitales le llevaron de una Argentina que salía de la dictadura a una Europa necesitada de nuevas voces.

Y el camino que eligió es exigente con quienes empiezan. "Los primeros cinco o seis años son muy fuertes porque se te tiran encima todos, los medios, el público, los agentes, los teatros... y si no tienes la espalda fuerte, te aplastan. Los que hemos logrado pasar ese filtro, vivimos para contarlo y poder gozar de la madurez de nuestra carrera", explica.

"Tienes que pasar la época de las grandes portadas de las revistas, del sex symbol de la ópera y de la esperanza del futuro, de todas esas chorradas que forman parte del 'show business' y si las aguantas con la cabeza en su sitio, luego te puedes declarar públicamente artista maduro, que sobrevivió y está listo para trasmitir una forma de arte con cierta autoridad", añade.

En su repertorio destacan dos grandes personajes, Sansón y Otelo, que están "tristemente ligados a la actualidad" y que no puede construir a partir de sus vivencias como manda Stanislasky porque "por suerte" no es "ni un fanático asesino ni un mercenario traidor a su raza".

Su Otelo "tiene otra cara" desde 2001 y defiende que la obligación del intérprete es hacer un análisis de la sociedad en la que vive y llevarlo a sus personajes si no quiere que la ópera sea "una pieza de museo".

José Cura tiene poco tiempo para componer pero ha sacado el necesario para ponerle música a siete sonetos de Neruda, su última obra. Y aunque continúa grabando, entiende que el mercado "está en un replanteo completo". Si en 1997 la meta en música clásica era vender 200.000 copias, hoy con 10.000 se es disco de oro.