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José Menese, un clásico entre los clásicos en Madrid

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La pureza del cante flamenco tiene nombre y apellidos, José Menese Scott, auténtico representante de los sonidos que nacen de la "jondura", quien ofreció en Los Veranos de la Villa una actuación donde destacó la calidad y la variedad de un repertorio al alcance de muy pocos.

El cantaor nacido en La Puebla de Cazalla (Sevilla) acudió a su cita en la capital de España para emocionar a un público que le adora y que quedó hipnotizado con "Yunque y sal", un espectáculo en el que Menese derrocha energía y consigue elaborar un flamenco sin aditivos que resulta ser la receta tradicional del éxito.

La primera sorpresa de la noche fue ver a Menese con su brazo en cabestrillo debido a una accidente que inevitablemente mermó su movilidad pero no su voz, que como siempre estuvo a la altura de las expectativas.

"Buenas noches. Me he caído bañándome y me roto un huesecillo del brazo y ahora me duele lo que no está en los escritos", informó Menese mientras dedicaba un emocionado saludo a los aficionados que se acercaron a ver al cantaor andaluz.

Es evidente que la relación existente entre Menese y Madrid va más allá del piropo fácil. Con menos de 20 años el músico llegó a esta ciudad con ganas de comerse el mundo. Y lo logró. Hoy, casi cincuenta años después, este devoto de Antonio Mairena puede presumir de ser el profeta del flamenco auténtico.

La nana con la que Menese abrió su recital en Los Jardines de Sabatini fue una bella composición con letras de Manuel de Falla aunque, según reconoció el artista, también había una parte que era "cosecha propia".

Laura Vital fue la artista invitada por Menese para su cita madrileña en Los Veranos de la Villa. La cantaora de Sanlúcar de Barrameda intercaló sus cantes con los del sevillano. Vital demostró su soltura y versatilidad por alegrías, tangos o bulerías, e incluso se atrevió a recitar algunos versos en lengua árabe.

Antonio Carrión y Eduardo Rebollar fueron los dos guitarristas que acompañaron con su enrabietado rasgueo de guitarra a Menese y Vital, respectivamente.

Poco a poco Menese fue descubriendo algunos de los lugares donde se mueve como pez en el agua. Con el taranto el cantaor exhibió su dominio del compás. Algo similar a lo que ocurrió cuando arrancó por soleá, donde el "quejío" del artista andaluz calentó una atípica noche de verano en la que sopló una brisa fría.

Cuando fue el turno de la petenera, otro de los palos primitivos del flamenco que domina a la perfección Menese, llegó el baile. Inmaculada Ortega fue la encargada de llevar a los terrenos de la expresión corporal los versos del cantaor, acostumbrado a ejecutar un cante que, según la superstición, trae consigo el mal agüero.

Precisamente la participación de Ortega fue uno de los momentos estelares de la noche. Con las alegrías "Que Cádiz tiene solera" cantadas por Laura Vital se repitió la escena anterior y el taconeo de la bailaora provocó que aumentarán las pulsaciones de un auditorio que le dedicó una gran ovación.

El maestro de ceremonias quiso despedirse por siguiriyas, uno de los palos que requieren un mayor esfuerzo y talento por parte del cantaor. A Menese se le notó debilitado por su lesión aunque mantuvo una sonrisa de oreja a oreja y lanzó besos a un público que reconoció su esfuerzo.

El fin de fiesta llegó con la participación del cuadro flamenco al completo y un nuevo zapateado de Inmaculada Ortega, quien remató una velada en la que el cante y el baile se adueñaron del alma de Madrid.

El testigo de Menese será recogido por la cantaora barcelonesa Mayte Martín, quien presentará la próxima noche en Los Veranos de la Villa su espectáculo flamenco "Al cantar a Manuel", un disco homenaje al poeta y periodista malagueño Manuel Alcántara.