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Los jóvenes: la generación perdida de Italia

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Tras haberse quedado algunas veces en casa de la "mamma" por amor a sus platos de pasta casera, ahora un creciente número de italianos jóvenes se ven forzados a vivir con sus padres porque no pueden hallar un trabajo estable o pagar sus propios alquileres.

Cuando agentes inmobiliarios mostraron este año un apartamento en alquiler a una joven pareja en Roma, fueron sorprendidos por los inquilinos en potencia, que aparecieron con una pandilla de amigos y botellas de vino espumoso.

La "fiesta-protesta" había sido preparada por la pareja, que organizó la cita para ver el apartamento sabiendo que no podrían pagarlo.

Su objetivo era resaltar que alquilar una casa está más allá de las posibilidades de muchos jóvenes, el segmento de la sociedad más duramente golpeado por la crisis económica.

"Queríamos destacar que muchos italianos no pueden irse de la casa de sus padres. Es una forma de provocación", dijo Chiara Bastianni, de 25 años, del grupo "Fai la Valigia" (Haz la maleta), que se encargó de organizar la poco ortodoxa protesta.

Conseguir un empleo estable hace mucho que es difícil para los jóvenes, pero la recesión de la economía mundial acabó con los pocos empleos disponibles para ellos.

Los enchufes son esenciales para obtener los pocos puestos disponibles en el sector público, mientras que los comercios realizan a menudo contratos a corto plazo para eludir las rígidas leyes laborales.

Tras la profunda recesión en 2008 y 2009, casi un 60 por ciento de las personas de entre 18 y 34 años vive ahora con sus padres, comparado con el 49 por ciento de 1983, según la agencia nacional de estadísticas Istat.

Casi un tercio de las personas de poco más de 30 años todavía está viviendo con sus padres, cifra que se ha triplicado desde 1983.

Apodados "bamboccioni" (bebés grandes), un número creciente de estos jóvenes no tiene alternativa.

El deseo de quedarse con la familia obtuvo un distante tercer puesto en el sondeo de Istat entre las razones mencionadas por vivir en la casa de sus padres, después de los motivos financieros y de formación.

El porcentaje de jóvenes que quiere irse de casa de sus padres en los próximos tres años aumentó de un 45,1 por ciento en 2003 al 51,9 por ciento en 2009.

GENERACION PERDIDA

Gabriele Gentile, de 26 años, vive con sus padres en Roma porque asumir un alquiler sería muy arriesgado. Sin contrato fijo, puede ser despedido en cualquier momento.

"Si pierdes el empleo, corres el riesgo de quedarte en casa de tus padres por mucho tiempo. Incluso cuando tienes un empleo debes seguir buscando opciones porque nunca sabes cuándo pueden despedirte. Si tuviese un trabajo de mayor estabilidad, me iría de casa de mis padres mañana mismo", expresó.

La socióloga Chiara Saraceno dice que la tendencia es preocupante para el futuro de Italia, ya que la generación más joven ingresa tarde en el mercado de trabajo, vive con inseguridad laboral, obtiene menos posibilidades de desarrollar sus habilidades y forma más tarde una familia.

"Esta es la generación que sufre lo peor de una sociedad envejecida, de una sociedad que está invirtiendo muy poco en los jóvenes y pone el peso de la crisis y los cambios del mercado laboral sobre sus hombros", dijo Saraceno, agregando que los jóvenes de Italia corrían el riesgo de convertirse en una "generación perdida".

que conforman la mayoría del sindicato más grande de Italia - y los trabajadores del sector público encabezan las protestas generalizadas por el paquete de austeridad del Gobierno de 25.000 millones de euros, son los jóvenes quienes soportan en silencio el golpe más duro de la crisis.

En 2009, los italianos de entre 18 y 29 años representaron el 79 por ciento de los despidos laborales, según Istat. El índice de empleo en ese segmento de edad es del 44 por ciento.

más del 21 por ciento de aquellos que cuentan con entre 15 y 29 años - no trabajaron ni estudiaron en 2009, lo que convierte a Italia en el país europeo con mayor número de jóvenes inactivos.

"LENTO SUICIDIO"

A pesar de los frecuentes lamentos sobre la difícil situación de los trabajadores con contratos a corto plazo o "precarios" y las promesas de los sucesivos Gobiernos de nuevas leyes, se esperan pocos cambios en este asunto.

El ministro de Administración Pública, Renato Brunetta, causó indignación en la izquierda y obtuvo poco apoyo de la derecha cuando propuso tomar dinero del sistema de jubilación para dar 500 euros al mes a los adultos que viven con sus padres.

Parece que los viejos líderes políticos y el comercio no tienen intención de abrir paso a las personas de entre 30 y 50 años, considerados "jóvenes", según loa estándares italianos.

Mientras los líderes de Estados Unidos y Reino Unido tienen entre 40 y 50 años, la "puerta giratoria" de la política italiana radica en personas como el primer ministro Silvio Berlusconi, de 73 años, y su aliado Umberto Bossi, de 69.

Sus rivales, como Gianfranco Fini y el líder de la izquierda Pierluigi Bersani, rondan los 60 años.

Tal es así que el ex primer ministro Romano Prodi, de 71 años, dice que los jóvenes deberían echar a patadas a la clase política de mayor edad.

"¿Cuándo van a dejar espacio para la gente joven? Los políticos de carrera deben ser desplazados", dijo Prodi este mes.

Los negocios pueden estar igualmente llenos de personas mayores: el francés Antoine Bernheim tenía 85 años cuando fue reemplazado del mando de la aseguradora Generali este año por Cesare Geronzi, que a sus 75 años sigue siendo uno de los hombres de negocios más influyentes de Italia.

El destacado sociólogo Franco Ferrarotti dice que esta situación sólo deja una alternativa a los jóvenes italianos: "Deberían aprender otros idiomas y mudarse al extranjero".

La creciente crisis en la juventud, dice Ferrarotti, es un golpe para los valores centrales que impulsaron el país: la familia.

"Lo que resulta realmente trágico en Italia es que la familia es fuerte, pero formar una nueva familia es caro, de modo que si no fuese por los inmigrantes, tendríamos una tasa de crecimiento poblacional negativa. Esto es un lento suicidio", dijo el sociólogo.