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Juanjo Otegui hace mutis con "La marquesa de O" tras 49 años de carrera

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Para no cansar ni aburrir al personal. Esa es la razón "oficial" por la que Juan José Otegui (Oviedo, 1936) hará mutis, tras 49 años de carrera, cuando termine las representaciones de "La marquesa de O", pero la verdadera tiene que ver con su "irrenunciable" condición de ser humano.

"El jefe", como le llama el equipo de "La marquesa de O", no cede a la tentación de contar de quién o de qué debe preocuparse a partir de ahora a tiempo completo pero dice que su decisión no tiene vuelta atrás y que aunque sabe que el "mono" le asaltará muchas veces "esto", en alusión al "motivo", es más importante que nada en su vida.

Magüi Mira, la directora de "La marquesa de O", el "escándalo" que Heinrich Von Kliest escribió en 1805 y que se ha estrenado en Madrid esta semana, le ofreció esta obra "tan guapa" y Otegui decidió dos cosas del tirón: que la haría y que sería la última.

"Es mucho mejor dejarlo cuando estás en plena forma que arruinado física y mentalmente y te 'retiran'. No me quiero arriesgar a que a mí me pase eso pero de verdad que lo más importante es lo personal. Necesito todo el tiempo que tenga".

Cuando se lo dijo a su hijo Sergio, un actor "mucho mejor" que él, asegura con veneración de padre y admiración de colega, todo fue incredulidad y le repetía una y otra vez que no podía ser porque él era "uno de los grandes que necesita el teatro".

"Claro, él qué va a decir", ríe, pero aunque se va subraya que su vocación está intacta, que tiene la misma ilusión que cuando llegó en 1962 a Madrid y dijo las "18 letras" de su papel en "El caballero de Olmedo": "Don Alonso, Don Alonso".

"Estoy jugando la prórroga de mi vida", afirma el actor, que utiliza una y otra vez símiles deportivos para referirse a su vida y es que lo que él quería ser en realidad era ser futbolista.

Jugó durante un año y medio en el filial del Real Oviedo, el Vetusta, pero su padre le "obligó" a dejarlo y a estudiar Derecho.

En la universidad, el director del TEU le propuso participar en la lectura de "Luz de gas", de Patrick Hamilton, en la que tenía que decir "queda usted detenido".

Cuando, al día siguiente, las chicas se le acercaron para alabar su "interpretación" pensó que con aquello se ligaba. "Qué imbécil", recuerda risueño.

Se fue metiendo cada vez más en "aquello" y cuando uno de sus profesores le dijo que si le hubiera contado la letra de cambio con la soltura que demostraba en el escenario le habría aprobado supo que había encontrado su sitio.

Y se fue a Madrid, y lo pasó fatal porque la vida era "durísima" pero fue capaz de decirle al director de "Dulce pájaro de juventud" que "no" cuando le propuso un papel de cuatro frases.

"No era vanidad es que yo pensaba que era un actor, qué osadía, y actor no lo soy ni ahora. Total que aquel hombre volvió a los pocos días y me dijo que tenía otro papel de 25 frases y ahí vi el cielo abierto porque yo estaba pasando mucha hambre".

De los 107 "sustos", como él llama a los estrenos, que lleva a las espaldas no sabría elegir uno pero se acuerda de "Los cuernos de Don Friolera", "Visitando al señor Green" y "En defensa de dama", donde hizo de "un hijo de puta apasionante".

En cine ha trabajado mucho menos aunque ha sido "chico Almodóvar" en tres ocasiones. "No se, debe ser que no sirvo, lo que no me gusta es verme luego y eso es malo para un actor porque hay que verse para saber lo que se hace mal".

Otegui afirma que "es una alegría" retirarse así, "con un equipo glorioso" y que la obra -que tiene gira prevista al menos hasta julio- "es la ideal" porque su personaje es "un perdedor que hace sonreír".