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Una jubilada argentina hereda una fortuna tras una odisea de telenovela

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Una jubilada argentina, que apenas cobra 214 dólares por mes, se hará con una fortuna de 40 millones de dólares tras comprobar que es hija de un potentado hacendado que murió hace 25 años y cuyo cadáver fue robado.

Eva Paole, de 68 años, se enteró hace nueve años que podía ser fruto de una relación furtiva de su madre con Rufino Otero, propietario de grandes extensiones de campo en la provincia de La Pampa, en el centro de Argentina.

"Pelearemos por la herencia, pero lo que me tranquiliza a mí es saber mi identidad", dijo hoy la heredera en declaraciones a Radio 10 de Buenos Aires.

Eva vivió por años creyendo que su progenitor era el marido de su madre, Josefa, quien se llevó a la tumba el secreto del verdadero padre de su hija.

Así fue hasta que unos amigos del hijo de Eva le advirtieron hace una década de un rumor que corría por el pueblo: ella podría ser hija de Otero.

La mujer comenzó entonces un derrotero judicial, que terminó con pruebas genéticas que acabaron por determinar ayer, jueves, que Eva es en un 99,9 por ciento hija del hacendado fallecido en 1983.

Paole, que vive en la localidad de General Acha, desconoce qué ha quedado de la fortuna de su verdadero padre, pues un sobrino de Otero "se ha dado todos los gustos" con el dinero de la herencia, dijo la mujer.

Eva relató que ha tenido que trabajar "como burro toda la vida" para poder mantener a su hijo tras enviudar a los 26 años, luego de que a su esposo lo matara un rayo mientras trabajaba en un campo del propio Otero, ribetes que le dan a esta historia aires de telenovela.

Al momento de morir, el patrimonio de Otero, que estaba casado pero no tuvo hijos con su esposa, constaba de 26 campos con un total de 50.037 hectáreas, una quincena de inmuebles, miles de cabezas de ganado vacuno y dos aviones.

La herencia quedó en manos de la viuda de Otero, Elisa Arenaz, quien en 1990, poco antes de morir, legó sus bienes al su sobrino, Darío Hernán Sarasola Arenaz.

Paole se presentó a la Justicia para reclamar lo suyo en agosto de 1999 y exigió un examen de ADN, pero el trámite se complicó porque un mes y medio después de iniciada la demanda la tumba de Otero fue profanada para poner otro cadáver en sustitución de el del hacendado.

Se constató la rotura de partes del cajón y que el cuerpo estaba desnudo, cuando todos recordaron que Otero había sido enterrado con ropa.

El robo y la sustitución de comprobó en agosto de 2006, cuando exámenes genéticos descartaron vínculos de filiación entre el cadáver hallado en la tumba de Otero y los restos de la madre del hacendado.

El año pasado, una denuncia anónima que llegó a la policía indicó que el cadáver de Otero había sido llevado a un cementerio de Morón, a las afueras de Buenos Aires y fue cremado.

Según publica el diario La Nación, de Buenos Aires, en su edición de hoy, uno de los sepultureros que fueron presuntamente contratados para cambiar el cadáver falleció al caerse de un andamio mientras pintaba un edificio.

En tanto, Darío Sarasola Arenaz murió el año pasado en la capital argentina.

Para constatar la filiación de Paole con Otero se utilizaron los restos de la madre del hacendado, Justina Porras.