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El juez encarcela al etarra que atentó contra el PSE en Lazkao

Castro está acusado de las bombas-trampa de Hernani

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El juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, decretó ayer prisión incondicional para el presunto etarra Manex Castro, a quien se le atribuye la participación en el atentado contra la sede socialista de Lazkao el pasado 23 de febrero, en plena campaña electoral vasca.

A Castro, a quien también se le relaciona con la colocación, el pasado mes de enero, de varias bombas-trampa en Hernani (Guipúzcoa) dirigidas a la Ertzaintza, se le imputa un delito de integración en banda armada, estragos terroristas, tenencia de explosivos y asesinato en grado de tentativa, tal y como solicitó el fiscal de la Audiencia Nacional, Miguel Ángel Carballo.

El presunto etarra fue detenido el pasado domingo en la localidad guipuzcoana de Villabona por miembros de la policía vasca que observaron "movimientos sospechosos" que podrían estar relacionados con la comisión de un atentado inminente. Ayer fue trasladado a la Audiencia donde el juez Velasco iba a tomarle declaración. No obstante, Castro se negó.

En relación con este arresto, la Ertzaintza también detuvo en la tarde del miércoles a Mikel Garmendia, a quien se le atribuye, del mismo modo, la colocación de las bombas-trampa de Hernani que no causaron heridos el pasado 16 de enero.

Asimismo, según informa Europa Press citando fuentes dell Movimiento Pro Amnistía, la policía vasca intentó también capturar en la citada población guipuzcoana a Beñat Aginagalde y a Ugaritz Errazkin, por su presunta vinculación con Castro.

Sin embargo, al no encontrarse en ese momento en sus domicilios, los ertzainas sólo pudieron registrarlos. En la terde del martes, efectivos de la policía autonómica también registraron otro domicilio y otra lonja en Hernani sin que trascendiera si se requisó algún tipo de material.

Consecuencias en Lazkao

El atentado contra la sede del PSE de Lazkao, con el que se relaciona al principal imputado, Manex Castro, ocasionó numerosos daños materiales en el propio local de los socialistas, así como en varias viviendas contiguas. En una de ellas residía Emilio Gutiérrez, hijo de históricos militantes del PSE que, tras los efectosque la bomba de ETA provocó en su domicilio decidió tomarse la justicia por su mano y destrozó una herriko taberna vinculada a la izquierda abertzale radical.

Posteriormente, Gutiérrez se ha visto obligado a abandonar la localidad ante las continuas amenazas de los proetarras.