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El juez Silva: "Si me presento a las elecciones será porque lo considero necesario para mi país"

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El juez Elpidio Silva recibe a Público en la cafetería de un céntrico hotel de Madrid. Es una de esas jornadas maratonianas de entrevistas que las editoriales preparan para sus autores estrella. Acaba de terminar otra entrevista con otro medio, previa a esta, y no desea ni cinco minutos de descanso. "Adelante, vamos ya", dice. Sin embargo, no parece cansado ni da la impresión de responder esperando la deseada hora de comer. Acaba de sacar a la venta La Justicia desahuciada de la mano de la editorial Península y tiene más libros preparados, dice. Habla, y escribe, con la seguridad de quien cree poseer la razón. Se siente "un represaliado político" y no duda en calificar de "costra institucional deformada" a los que lo han sometido a un linchamiento público.

En mitad de la entrevista, dos personas presentes en la mesa de al lado se acercan. "Perdonen la interrupción. Sólo queremos transmitirle nuestro apoyo y decirle que España necesita más gente como usted", le dicen estas dos personas, vestidas con traje y corbata. "Es algo habitual", responde él, tras ser interrogado por el periodista. "La semana pasada estaba en un restaurante y una mujer se puso de rodillas ante mi para pedirme que no me fuera del sistema judicial", recuerda Silva, que poco a poco, se va acostumbrando a su nueva vida. "No estaba acostumbrado a esto. Mi reacción cuando alguien se acercaba a mi en una terraza era pensar que me iban a robar el móvil o algo", bromea.

Tampoco se le ve incómodo en este nuevo rol. Sabe que para parte de la población ha pasado a ser un símbolo de la lucha contra la corrupción. De hecho, afirma estar planteándose presentarse a las próximas elecciones europeas con un "movimiento político" nuevo, que no partido. Anticipa que tendremos noticias "en los próximos días", pero que aún no quiere contar nada "porque aún no está decidido". "Si me presento a las elecciones será porque lo considero necesario para mi país".

Su vida dio un vuelco el 16 de mayo. Usted describe este día como una jornada larga. Ese día madrugó, repasó el caso y las preguntas que iba a formular al imputado Blesa. Después acordó el encarcelamiento y sobre las 21:30 horas comenzó a estudiar su expediente disciplinario. Menos de un año después de aquel día en el que un banquero pisó la cárcel, ese banquero está en la calle, ha declarado contra usted y el juez Silva está sin trabajo. ¿Cómo ha cambiado su visión de la democracia en España en este tiempo?

Siempre he sido consciente de que nuestra democracia tenía más de nombre que de verdad. Soy un hijo de la Transición. Estudié en la promoción 78-83 y siempre he sido muy consciente de que nuestra entrada en la democracia desde la dictadura tenía mucho más de metafórico que de verdad.

¿Y su opinión sobre el sistema judicial?

Entiendo que en España existe justicia para los pobres y para las clases medias. Pero para las personas que tienen una gran posición social o de poder, la justicia no existe.

¿Hay impunidad absoluta para ellos?

Prácticamente.

¿Cuánto influyen los partidos políticos en el día a día de la Justicia?

En España no tenemos un sistema judicial independiente. A nivel de las grandes causas, la justicia está politizada. La querella que se formula contra mi es una querella política y estoy suspendido como un represaliado político. No hay ningún fundamento jurídico.

¿Y su vida? ¿Cómo ha cambiado en este año?

Han conseguido alterar mi proyecto profesional en gran medida. He tenido que adaptarme a las nuevas circunstancias y condiciones que no son las que yo deseaba. Pero yo me adapto.

¿Cómo es su vida ahora?

Es muy complicada. Tengo reuniones todo el día y trato de modular todo tipo de intereses. Se me acercan todo tipo de personas, sociedades, lobbies... Todo. Tengo una agenda brutal.

Usted ha conseguido algo bastante difícil. Definido como un "individuo aislado que redacta malas resoluciones judiciales" ha conseguido poner de acuerdo al que fuera presidente del TS y del CGPJ, Gonzalo Moliner, a fiscales del TSJ y la Audiencia Provincial de Madrid, a un expresidente de la CNMV, a políticos, a altos cargos de la Administración, a periodistas...

He puesto de acuerdo a una costra institucional deformada. Toda esta gente son de la órbita del PP, de Blesa y esta persona de la que me habla que era presidente de la CNMV puede estar afectada por incriminación en relación con las preferentes. Él participó en la creación de las preferentes. No los he puesto yo de acuerdo. Ya lo estaban y ya se entienden ellos.

Pero todo vino con el caso Banco de Miami. ¿Qué hay en Miami que hay hecho saltar las alarmas de esa "costra institucional deformada"?

Ya con el caso Blesa se pusieron nerviosos y anunciaron una inspección al juzgado y ya empezaron a abrir expedientes disciplinarios falsos y sin fundamento. Cuando investigo el caso del banco de Miami ya saltan todas las alarmas. ¿Qué hay en esa ciudad? Eso quise investigar. Es evidente que es una ciudad fetiche. Ahí hay muchas cuentas de la 'trama gürtel', ahí estaba Bancaja (que fue una de las decisiones de Garzón que le llevan a picota), ahí hay una familia más canosa que dice que está siendo apoyada por Aznar y lo declaran así ante los micrófonos de la Ser... En esa ciudad pasa algo, sin duda, porque la palabra Miami desató todas las alertas.

¿Se volverá a atrever otro juez a investigar lo que pasa allí?

Hay jueces con mucho miedo. Hay gente cobarde. Afortunadamente los jueces americanos siguen investigando.

Le leo un fragmento de su libro. "Muchos grupos de ciudadanos se definen como antisistema. En otras ocasiones, la expresión es un reproche lanzado por quienes se creen representantes de la pureza sistémica. No me parece tan evidente quién está dentro o fuera del sistema. Unos se definen como antisistema y están fuera del redil. Otros que les reprueban no son menos antisistémicos. Pero a menudo verifico jóvenes tachados de antisistema que representan lo mejor del sistema. Realmente, quienes se aprovechan de sus cargos, de viles circunstancias propiciatorias y del dolor de otros son perversas incrustaciones en el sistema".

Solemos decir a mucha gente del 15M que son antisistema cuando defienden la pureza del sistema y muchos de los que los llaman antisistemas son quienes colonizan el sistema y se aprovechan de él y están demostrando que son virus.

¿Quienes son los antisistema entonces?

En España hay una verdadera panda de indeseables en el sistema que lo están corrompiendo y hay que investigarlos. En el ámbito de la gestión bancaria, en el ámbito de las grandes corporaciones, en el ámbito judicial, en la CNMV, en el Gobierno... Hay que investigar más.

¿Cómo ha llegado esa "panda" a colonizar el sistema?

La sociedad española se lo ha permitido. Ha perdido músculo. La sociedad española se ha acostumbrado a una confortabilidad que no es razonable. Se ha adormecido de manera indebida. La ciudadanía tiene que estar presente y no lo está a través de sindicatos y partidos políticos. Necesita su propio movimiento a través de plataformas, colectivos ciudadanos... Lo que yo llamo comunidades sociales de base.

¿Es toda la culpa de la sociedad? ¿No hay nada que achacarle a un sistema que permite que los partidos políticos elijan a dedo a altos cargos y que politiza todos los órganos constitucionales?

Puede haber fallos en el diseño. Yo no lo voy a negar. Pero el problema fundamental es el adormecimiento de la sociedad junto con la existencia de los corruptos. Ahora, diseñar un sistema donde sea imposible corromper es imposible. Siempre habrá corruptos. Por eso, no es un problema tanto del sistema sino de esa danza macabra entre sociedad adormecida, abandonada a una falsa confortabilidad que se llama ladrillo y dinero fácil, y la corrupción. El corrupto saca partido de que la sociedad esté dormida.

Junto a la impunidad que señalaba y de la que goza la clase alta.

Mire usted, ¿de dónde emana la justicia? Del pueblo. Pero si el pueblo no está presente y no sabe oponerse a resoluciones injustas pues la justicia tiende a degenerarse.

Otra cita de su libro es la siguiente: "Muchos de los que se acopan al sistema no suelen ser personajes llamativos, sino apocados o mediocres. No llaman la atención. La mayoría de sus comentarios son intrascendentes y optan por denigrar a quien la mayoría difame. Son un virus replicante y se incrustan en las instituciones, recubiertos por su insignificancia".

Así es. Hay muchos funcionarios que colaboran con el corrupto. Que se dejan llevar. Hay mucha gente que muestra mucha ignorancia deliberada y en lugar de denunciar mira hacia otro lado. Hay mucha gente que colabora con los corruptos incluso desde una posición de indiferencia.

¿Usted ha sentido esto en su propio carne con compañeros de su juzgado?

Sí. He visto como hay jueves acobardados, adormecidos, muertos de miedo... Secretarios judiciales y también funcionarios. Tienen una nómina segura y tienen miedo. Es común en una sociedad tan empobrecida y con una sociedad civil tan adormecida. Cuando uno tiene una nómina fija se le rinde culto y eso es un 'problemón'.

¿Usted hubiese caído si sus compañeros hubiesen sido honestos?

Si toda la clase judicial se hubiera puesto delante de este tema es evidente que no hubiera pasado lo que ha pasado. La clase judicial es culpable y responsable de lo que está sucediendo. La clase judicial comete el error de ser indiferente y acobardada y consagrar la nómina como lo más o lo único importante.

También dice en el libro que es necesario reformar la justicia. Dice que los españoles "no entendemos la Justicia" y que "no comprendemos cómo se manipulan los procesos, los intereses en juego ni lo relevante que será para nuestra vida cotidiana las consecuencias de todo esto". ¿Puede explicar de manera breve estos aspectos?

Al ciudadano español le cuesta conectar con todo lo que son instituciones cívicas porque el nivel de civismo que tenemos es bajo. Cuando hablamos de los procesos judiciales a lo ciudadanos les cuesta trabajo entender. Además, cuando el ciudadano ve que nunca pasa nada y que nunca se concreta nada pues termina desconectando. Si tienes una televisión en casa que no sabes cómo encenderla terminas guardándola y olvidándola.

¿Cómo conectar entonces a la ciudadanía?

Entendiendo qué sucede, implicándose, exigiendo que funcione bien. Cogiendo la televisión, llevándola a reparar y exigiendo al vendedor que le explique cómo funcione. Incluso reclamar al que hizo el manual de instrucciones. Esto los españoles lo deberían saber muy bien por el arte del toreo y el arte de plantarse. Un torero es torero de verdad cuando se planta delante del toro. El toro está ahí y el torero se planta frente a él y lo mira a la cara. Y eso deben hacer los españoles: plantarse.

El ciudadano que lea estas líneas también le puede decir: 'Mire, he salido a calle con el 15M, con la marea blanca, con la marea verde, la violeta, etc. y es que aquí no pasa nada. Yo no sé qué hacer más pero no me diga que tengo yo la culpa'.

Las mareas han conseguido cosas. No diría que haya sido estéril. Han parado una atrocidad que era lo que querían hacer con el sistema sanitario en Madrid. Eso era una atrocidad impresionante. Está por ver qué pasará en la Educación y está por ver qué pasará con la marea negra de la justicia que he intentado poner en marcha. Pero hay que plantarse de más maneras. Hay que saber denunciar, saber reclamar, exigir dimisiones, ir a votar con responsabilidad y coherencia y exigir a los partidos políticos. Hay gente dentro de PP, PSOE e IU que debe plantarse ante sus ejecutivas y decirle que no funcionan bien.

En el libro también critica a los sindicatos por no estar personados en este proceso judicial y por no llenar los juzgados de querellas.

A mi me parece tremendo que un sindicato como Manos Limpias sostenga el músculo de la acusación popular en España, mientras que sectores que se llaman progresistas como los partidos políticos, UGT y CCOO están como ausentes. Eso da qué pensar. Me parece incomprensible y no lo entiendo.

Dice usted: "Desde el año 2000 algunos veíamos venir la crisis. Comenzó una escalada de precios muy especulativa. Pensé que la burbuja inmobiliaria nos conduciría al colapso económico. Pero aún siendo pesimista, no visualicé la situación tan dramática que se ha enquistado en España. Nunca imaginé tanta obstinación e ignorancia, casi deliberada, frente a la crisis que flotaba sobre nuestra economía". ¿Hasta dónde vamos a llegar?

Esto hay que pararlo porque si no llegaremos a un segundo rescate. Hay que ver que está pasando con el Sareb y con el Frob. Tenemos que pararlo. No tenemos consciencia de que las condiciones en las que está España son tremendamente duras y difíciles. La deuda pública soberana española casi supera el PIB. Es una situación de emergencia nacional. Nuestro PIB no crece en proporción a los intereses de la deuda. No vamos a poder pagarla. Hay que introducir reformas estructurales mucho más severas, recortes mucho más severos, pero con sentido. No podemos recortar en Sanidad ni en Educación. No podemos recortar donde no se debe.

¿Dónde hay que recortar?

Los órganos constitucionales sobran casi todos. Todo el mundo sabe que el Defensor del Pueblo no vale para nada. Todo el mundo sabe que el Tribunal de Cuentas no vale para nada. Todo el mundo sabe que el CGPJ no sirve para nada. Estos órganos hay que eliminarlos, quitarlos y ahorrar dinero. ¿Las diputaciones para qué sirven? ¿La cantidad de ayuntamientos que tenemos a qué responde? Tenemos que eliminar muchísimas sociedades estatales. Tenemos que quitar a cientos y cientos funcionarios de cargos de libre designación. Hay que organizar un sistema de recortes muy profundo y con sentido. Reflotar la Sanidad y fortalecer el sistema educativo. No podemos subir ahora las tasas universitarias. Al contrario. Tenemos que aprovechar esta situación de crisis para que la gente tenga más formación, más entrega, montar un sistema de ciencia, etc. Es la única salida que tiene España. No hay otra. Y, desde luego, tenemos que reformar el sistema tributario. Hay que bajar los impuestos y hacer que paguen más las grandes fortunas y las grandes empresas.

Ha enumerado tantas reformas y ha tocado a tantos órganos constitucionales que parece imposible emprender tales reformas dentro de la Constitución del 78.

Hay que reformar la Constitución. Hay que ir a un poder constituyente. España no tiene otra salida. España tiene que ir a un poder constituyente y una reforma muy severa de la Constitución. Hay que replantear la voluntad constituyente de los españoles. Hay que generar un espacio amplio de ruptura o de reforma constitucional y de reformulación del poder constituyente.

En las últimas semanas hemos leído muchas noticias que le tenían a usted como protagonista. Se le ha vinculado con el Partido X, con la Agrupación 14D, con la Asociación Democracia Real Ya... ¿Qué hay de cierto en todos los rumores que apuntan a que el juez Silva se presentará a las elecciones europeas?

Es una posibilidad. Dependerá de lo que yo decida en unos días y de que yo considere que sea irremediable y necesario para cumplir una función en mi país. Una función que intentaría llevarla a cabo de la manera más honrada posible.

¿Ha contactado usted con alguna de las formaciones antes mencionadas?

No, pero conmigo han contactado todos los partidos, menos el Partido Popular. Incluido sectores de la derecha. Todos los partidos han conectado conmigo de alguna manera. No le he dicho que sí a nadie. Creo que la fórmula es un movimiento nuevo. Partiendo de cero.

También se le ha acusado de tener un perfil demasiado personalista. Incluso se le ha llamado el Beppe Grillo español.

No estoy de acuerdo con eso. Además, a diferencia de Grillo, yo soy una persona del Estado. Conozco el Estado español como pocas personas. Lo conozco de una manera profunda. He sido profesor de Universidad, de Derecho Administrativo, conozco la Justicia, conozco sectores muy importantes de la Administración, de la Sanidad, de la Educación, de la Industria, de Fomento, de Aguas, de Montes, de Minas... No tengo nada que ver con este señor. Lo que sí puede haber un cierto parecido porque la sociedad española esté igual de harta que está la italiana y puede que la sociedad española me haya convertido en un referente de la solución. Pero yo soy una persona del Estado y creo en un Estado fuerte, más barato y con menos grasa. Nuestro Estado está lleno de sobrepeso.

¿Cual es la ideología del juez Silva?

Estamos obligados a estar en la vanguardia. Estamos obligados a estar en la vanguardia tecnológica, social y personal. Las sociedades contemporáneas son muy competitivas y no podemos seguir en una mentalidad arcaica, pre renacentista y de derechas, en el peor sentido del término. Tenemos que estar en la vanguardia universitaria, tecnológica, judicial... En la vanguardia como país. Además, los españoles somos gente particularmente brillante. Somos gente intensa y con capacidad creativa. Hay que jugar a eso y el político debe incentivarlo. Creo en esa actividad y creo en el poder del Estado. No creo que el Estado deba coparlo todo. Creo que el Estado tiene que intervenir, tiene que controlar, tiene que regular sectores muy importantes del ámbito corporativo a través de un Banco de España bien montado y con una CNMV bien montada. Ese Estado barato y eficaz es esencial. No creo en el neoliberalismo.

¿Se considera el juez Silva una persona de izquierdas? ¿De derechas? ¿De centro?

No sabría situarme. Creo que no soy de derechas, pero situarse ahí es difícil. Por ejemplo, yo creo en una sociedad de mercado. Lo que no creo es en una sociedad de mercado en manos de cuatro amiguetes. Creo en la competencia de mercado, pero en la competencia de verdad. Por tanto, creo en una sociedad de mercado donde las instituciones garanticen la competencia leal y que impidan que unos cuantos se queden y monopolicen el mercado. Pero hay determinados servicios que deben ser sólo del Estado. Por ejemplo, la Sanidad, la Educación, que debe ser pública, laica, suficiente y potente. No podemos seguir en el puesto 300 en materia de universidades. Para eso hace falta meter dinero. Si a eso se le llama ser socialista o de izquierdas, pues lo seré. Creo en un pensamiento socialista. Creo que a las personas hay que darles un bienestar social porque ese bienestar depende de instituciones del Estado. Si dejas a la empresa privada que vaya como le dé la gana pondrá una persona a trabajar 24 horas por 15 diarios. El Estado es el que debe evitar eso.

Me decía antes que si da el salto no lo hará en un partido político ya existente.

No, los partidos políticos actuales ya no valen.

¿Por qué?

Están caducos. Tienen la fecha de caducidad cumplida. El modelo está agotado y el modelo de los partidos también. De hecho, el modelo está agotado porque están agotados los partidos.

Entonces, si usted da el salto a la política, ¿lo haría en un partido político nuevo creado alrededor de usted?

En un movimiento nuevo y no creado alrededor de mi. Sería alrededor de los que lo montemos. Sería democrático y nuevo y, en ese sentido, yo espero que sea ejemplar.

¿Ha hablado con otras personas para este movimiento?

Estoy en ello.

¿Tendremos noticias pronto?

Puede ser.

¿Para las europeas?

Sí.

¿Cuestión de semanas?

Cuestión de días.

¿No quiere decir nada más?

No. Comprendo que hay una expectación con esto demasiado grande, aunque quizá sea razonable.

¿Usted se siente un símbolo ahora mismo?

Si yo soy un símbolo es una pena porque quiere decir que el país está muy necesitado de referentes. Pero no me sorprende porque la situación es de agotamiento y los ciudadanos tienden a concentrar sus expectativas en personas, porque al final, las soluciones pasan por personas.

En las últimas semanas también han salido otras iniciativas de cara a las europeas con un mensaje aglutinador y de cambio. Una de ellas es Podemos. ¿Qué opinión le merece?

No he contactado con ellos. Todos estamos pendiente de hablar y tengo un gran respeto por este tipo de movimientos.

¿Se asemeja en algo a lo que usted puede estar preparando?

No es exactamente igual, pero puede haber alguna confluencia. Lo que pasa es que yo creo recordar que ellos se declaran anticapitalistas. Yo no soy anticapitalista ni sé lo que es ser anticapitalista. Yo defiendo la sociedad de mercado bien regulada y bien supervisada. Con un control de hierro.

Cuando me habla de vanguardias, de lo que necesita España, de las únicas salidas para España, del conocimiento que usted tiene de todo el Estado... Se me hace inevitable recordar la crisis de 1898, el espíritu de la regeneración y el cirujano de hierro de Joaquín Costa. ¿No le da miedo que su discurso pueda terminar pareciéndose a la idea de ese cirujano de hierro que tan poco tiene que ver con la democracia?

Sí. Yo creo que la solución en España debe partir, en primer lugar, de un compromiso ciudadano. En segundo lugar, de que el político incentive muy profundamente el movimiento ciudadano. Lo que yo he llamado comunidades sociales de base, colectivos ciudadanos y plataformas ciudadanas. De hecho, estos sujetos deben regirse por una normativa que les ampare y que yo estoy redactando. Quiero crear una plataforma que se llame, precisamente, regulación de plataformas y colectivos ciudadanos. Ese músculo debe existir y hay que protegerlo y el contenido de la política tiene que resultar de un cierto balance y conexión con ese músculo. Se acabaron las medidas desde arriba. Eso no sirve de nada. La ciudadanía tiene que participar y todos tenemos que tocar la pelota.