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Jugar, un lenguaje universal para descubrir otro mundo

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Magdoleen tiene nueve años y quiere ser doctora. Como ella, otros 59 niños de los campamentos de refugiados palestinos escapan estos días del ruido del conflicto y aprenden que otro mundo es posible, más allá de los bombardeos y los controles militares.

"A uno de los niños le sorprendía que los españoles nunca usaran su carné de identidad, pues en Palestina no podemos caminar sin él", cuenta a Efe Amira Abu Srour, una de las profesoras que acompañan a los menores desde los campamentos.

Desde finales de julio, Ismail, Alá, Mohamed, Asmá, Ubaid y Nur, entre otros niños, participan en "Vacaciones para la paz", un programa que nació en 1995 con el propósito de "sensibilizar a niños y padres de aquí y ayudar a los niños refugiados, que son quienes más sufren la agresión del ejército israelí", según Julio Rodríguez, presidente de la ONG Paz Ahora.

Durante estas semanas, han estado en ocho comunidades autónomas y acaban de reencontrarse en Madrid para vivir juntos "una semana grande", la última antes de regresar a la franja de Cisjordania.

"¡Queremos vivir en libertad y echar a los israelíes!", cantan estos "pequeños embajadores" de la causa palestina, dirigidos por su profesora.

Gracias a sus amigos españoles, explica Amira, "han aprendido a decir 'hola', '¿cómo estás?' o '¿cómo te llamas?'". "De todas maneras, se han entendido sin palabras", confiesa.

"Al final, llegaron a la conclusión de que todos nosotros tenemos los mismos juegos, con diferentes nombres", añade. Desde entonces, han practicado el lenguaje de los juegos "pilla pilla", "la zapatilla por detrás" y el "escondite".

De mayor, Magdoleen quiere "dar la felicidad y la libertad" a su pueblo y anhela "que la ocupación israelí acabe", dice en voz baja.

"Los niños cuentan que para ir al colegio tienen que atravesar una verja, luego una alambrada, un control militar; cómo los militares los hacen bajar del autobús, les abren las mochilas, los cachean y descalzan, humillándolos", relata el presidente de Paz Ahora.

En cambio, en España están más cómodos y "pueden sentir la libertad que nunca han tenido", según Amira.

"Por eso, lo miran todo con sorpresa, se distraen y se detienen observando los autobuses, los trenes, la gente y sus vestidos", sentencia.

El mar se ha quedado en la retina de estos niños, pues muchos lo han conocido por primera vez, "un océano" que está a una hora de sus refugios y que nunca pisaron porque "hay muchos controles y demasiados permisos que solicitar".

Además, les ha impresionado el contacto con la gente, porque "tenían la idea de que, por ser extranjeros, los podían tratar mal".

Los menores, de entre 9 y 11 años, vienen de doce campos de refugiados administrados por la ONU y la mayoría pertenecen a familias con pocos recursos económicos, son huérfanos o sus padres son presos políticos.

A través del programa se intenta proporcionar a los niños un espacio donde retomar los valores que han sido perdidos o modificados de forma traumática y violenta a causa del conflicto.

Se trata de adquirir, mediante juegos y talleres, herramientas y conocimientos para que en su vida adulta puedan plantearse que otro mundo es posible, "sin guerra ni ocupación militar israelí", apunta Julio Rodríguez.

Hallar, una joven madrileña de padre marroquí que ha sido monitora de uno de los grupos, cuenta que sus padres le inculcaron la importancia de aprender el árabe para comunicarse con su cultura.

Ella resume con estas palabras su experiencia: "Los chavales dan muchísimo y no te piden ni un caramelo". Le han enseñado, dice, que "por encima de las adversidades se puede ser feliz".

Mientras, Rodríguez reconoce que éste es solo el principio del camino. "El final -concluye- llegará cuando estas víctimas puedan regresar a casa".

Wendy Domenack y Francisco Carrión.