Publicado: 16.10.2014 16:08 |Actualizado: 16.10.2014 16:08

Julia respira hasta diciembre tras la paralización de su desalojo

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"Muchas gracias a todos por venir a apoyarme. Esta noche sí que voy a dormir tranquila", agradecía Julia Rodriguez, de 80 años y convaleciente de un cáncer, a los más de 50 vecinos y activistas de la plataforma antidesahucios que han conseguido retrasar el desalojo de su casa, un piso que la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo de Madrid (EMVS) vendió a Fidere, la inmobiliaria del fondo de capital riesgo estadounidense Blackstone.

La noche ha sido larga para ella, para su hija, Paloma, de 45 años y con un trastorno límite de la personalidad, y para la decena de activistas que las han acompañado durante las largas horas previas a quedarse en la calle. "Hemos dormido a ratos, pero muy nerviosas", reconoce Paloma, a la que su medicación parece no haberle ayudado a conciliar el sueño.

Una visita de los servicios sociales a primera hora les daba un poco de esperanza, aunque ninguna tranquilidad, ya que la solución que les ofrecían dejaba muchas dudas en el aire. Ni fechas, ni plazos ni un lugar adecuado a las necesidades de las dos enfermas. Pero, al menos, podrán seguir negociando durante dos meses más, el tiempo que Fidere les permite continuar en la vivienda, para encontrar un piso que se adecúe a los 600 euros que Julia cobra de pensión y con los que tiene que hacer frente al alquiler, las facturas y los gastos de las dos.

La Policía, en esta ocasión, no ha hecho acto de presencia. Tan sólo a última hora, cuando la comisión judicial y los abogados de ambas partes alcanzaron el acuerdo que retrasaba el desalojo, una patrulla de la Policía Nacional identificaba a un activista que les grababa con su teléfono móvil. Tras varios forcejeos, acudieron hasta la calle Salvador Allende, en Carabanchel, otras cinco unidades que parecían esperar a que desaparecieran las cámaras de televisión para identificar al resto.

Julia y Paloma salen a negociar con la comitiva judicial que ha paralizado temporalmente su desahucio. - JAIRO VARGAS

Pero todo eso poco ha importado a Julia, que pese a sus problemas para caminar, bajó hasta la calle para negociar con los procuradores. Un momento difícil en el que su hija tenía que ser atendida por el SAMUR al sufrir un desmayo.

Gritos de "no estás sola", "este desahucio lo vamos a parar" o "fuera buitres de nuestras casas" han acompañado a las afectadas, que han podido regresar a su casa para reponerse del esfuerzo. "Lo peor ha pasado, pero ahora queda un duro trabajo para encontrar una vivienda asequible a sus ingresos. Esperemos que se encuentra antes de diciembre", ha explicado a Público el abogado de la Plataforma de Afectados por la Vivienda Pública y Social (PAVPS), Manuel San Pastor.