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La Justicia italiana condena a 23 espías de la CIA por un secuestro

Los agentes llevaron en 2003 al imán Abú Omar a Egipto, donde fue torturado

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Un tribunal de Milán ha sido el primero en condenar la política de secuestros ilegales a presuntos terroristas practicada por la CIA en la época de George Bush. El juez Oscar Magi dictó ayer prisión para 23 agentes de la agencia de espionaje norteamericana acusados de secuestrar en 2003 al imán radical Abú Omar para trasladarle a Egipto, donde fue torturado.

La sentencia, sin embargo, no podrá ejecutarse en buena parte porque Italia nunca ha pedido la extradición de estos espías y el juicio se realizó con la única presencia de sus letrados. El tribunal también dictó tres años de cárcel para dos agentes italianos que colaboraron en el secuestro, pero eximió al ex director de los servicios secretos italianos (Sismi), Niccolò Pollari, y al agente, Marco Mancini, por estimar que les protege el secreto de Estado.

Otros tres espías de EEUU, entre ellos el ex jefe de la CIA en Italia, Jeff Castelli, se libran al tener inmunidad. El responsable de esta trama, Robert Seldon Lady, fue sentenciado a ocho años de cárcel y los otros 22 espías, a cinco.

La Fiscalía de Milán anunció ayer que presentará un recurso ante la Corte de Apelación para poder procesar a los agentes que no han sido condenados, ya sea por razón del secreto de Estado o por inmunidad diplomática.

El fiscal Armando Spataro dijo que se plantea pedir al Gobierno una orden de arresto internacional para todos ellos. En anteriores ocasiones, Berlusconi, fiel aliado de Bush, ha rechazado la petición de la Fiscalía.

El proceso que ayer concluyó ha durado tres años y se convierte en la primera condena europea a la política de renditions ordenada por el ex presidente estadounidense. El juez secunda las sospechas de las asociaciones de derechos humanos, que denuncian que la CIA atentaba contra los más elementales derechos a la defensa y a un juicio imparcial al trasladar a sospechosos a países donde la tortura es legal. Un portavoz de la CIA rehusó ayer hacer ningún tipo de valoración sobre lo sucedido.