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Justicia hace que Obama persiga a los torturadores

El fiscal general nombra a un investigador para procesar a responsables de los abusos de la CIA

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Barack Obama prometió en su momento a la CIA que ninguno de sus agentes sería juzgado por seguir las instrucciones de la Administración Bush por muy cuestionables que fueran. Le va a costar mucho mantener su palabra. El Departamento de Justicia decidió nombrar ayer a un investigador especial para que revise casi una docena de casos en los que la agencia maltrató a los presos de sus cárceles secretas.

Después de muchas dudas, el fiscal general (ministro de Justicia), Eric Holder, siguiendo las recomendaciones del comité ético del Departamento, nombró ayer a John Durham, un experimentado fiscal, para examinar los excesos cometidos contra detenidos, una decisión que promete sumir a la Casa Blanca en una crisis aún más grave que la de principios de año, cuando se confirmó que la CIA había recurrido en repetidas ocasiones a la asfixia simulada (waterboarding) en los interrogatorios de militantes de Al Qaeda.

Las recomendaciones de la Oficina de Responsabilidad Profesional, el guardián ético de Justicia, se conocieron el mismo día en que se hizo público el informe del inspector general de la CIA sobre esos abusos, redactado en 2004 y mantenido en secreto hasta hoy.

En estos meses, Holder se ha estado debatiendo entre dos obligaciones: impartir justicia ante unos abusos que por razones políticas se guardaron en secreto; y proteger la reputación de una agencia clave en la lucha antiterrorista. 'Las decisiones del anterior Gobierno fueron complicadas. Es fácil mirar atrás y ser crítico con lo que se hizo', dijo Holder al poco de asumir su puesto. 'Dicho esto, el presidente electo y yo estamos muy preocupados por lo que hemos visto y oído'.

A mediados de abril, tras un largo y tortuoso debate interno, Obama desclasificó cuatro informes de la CIA sobre interrogatorios efectuados entre 2002 y 2005, en plena 'guerra contra el terror' de Bush, en los que se detallaban técnicas como el waterboarding, la privación de sueño a los detenidos durante días, mantenerlos esposados desnudos y someterlos a picaduras de insectos.

Obama se resistió hasta el último minuto a publicar los informes y sólo lo hizo a petición de un tribunal de California, en respuesta a una querella planteada por la Asociación por la Defensa de los Derechos Civiles (ACLU).

Para matizar la noticia, el presidente aseguró entonces que ninguno de los agentes que perpetraron estos abusos sería juzgado. 'Aquellos que cumplieron con sus obligaciones fiándose de buena fe del asesoramiento legal del Departamento de Justicia no serán enjuiciados', prometió Obama en una visita a Langley.

Menos de un mes después, tras la tremenda polémica que se desató, el mandatario estadounidense, temiendo verse arrastrado en una amarga batalla partidista, decidió frenar la desclasificación de fotos comprometedoras sobre el abuso de detenidos en cárceles secretas a manos de militares.

Una nueva investigación del Departamento de Justicia complicará aún más las cosas para Obama. La Casa Blanca dijo ayer que 'el presidente coincide con el fiscal general en que aquellos que actuaron de buena fe y cumpliendo las normas no deben ser procesados'.

La Oficina de Responsabilidad Profesional lleva cinco años trabajando en este informe, pero sus investigaciones no fueron bien vistas por los predecesores de Holder en el Gobierno de Bush, especialmente Michael Mukasey, quien se quejó de las interferencias del comité ético.

El caso más conocido de esos abusos es el Manadel al-Jamadi, quien murió en 2003 en Abu Ghraib cuando estaba bajo custodia de la CIA tras ser hecho prisionero por los Navy Seals. Los investigadores estiman que probablemente murió de heridas provocadas durante su captura.

El “waterboarding” o ahogamiento simulado
Al prisionero se le tumbaba con la cabeza más baja que el cuerpo, se le cubría la nariz y la boca con una tela y se vertía agua sobre ella, de forma que el líquido penetrara en los pulmones y le impidiera respirar. La tortura duraba 40 segundos, tras lo cual el procedimiento se repetía.

Privación de sueño
Se mantenía despierto al detenido durante días.

Confinamiento en espacios muy reducidos
Se recluía a los presos en espacios exiguos en los que ni siquiera se podía poner de pie, en completa oscuridad.

Desnudez pública
“Para incomodar al detenido, sobre todo por motivos culturales”, se autorizaba a mantenerle desnudo.

Duchas heladas
Los presos sufrían duchas de hasta 20 minutos de duración con el agua a solo 5 grados centígrados.

“Walling” o lanzamiento contra una pared falsa
Se arrojaba al preso contra una pared flexible que emitía un fuerte sonido, lo que le hacía creer que el impacto había sido terrible.

Bofetadas e insultos
La única limitación era que los golpes debían darse con la mano abierta, nunca con el puño.

Posiciones antinaturales
El detenido era obligado a pasar horas con los hombros extendidos y las manos apoyadas en la pared, o bien en otras posiciones incómodas.

Uso de insectos
En el caso de que el detenido tuviera fobia a los insectos, se recomendaba introducir éstos en la celda para aterrorizarle.

Alimentación líquida
Para simular la inanición, a los presos sólo se les servían comidas líquidas y totalmente insípidas.