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Kamchatka, realmente lejos de todo

Allá donde terminan los inacabables bosques de Siberia para dejar paso a las turbulentas aguas del océano Pacífico se encuentra el majestuoso e ignoto país de Kamchatka.

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El viajero que decida aventurarse hasta esta esquina del mundo se hallará inmerso en un paisaje prístino, entre abruptos valles erizados de géiseres humeantes y barrancas que encajonan ríos en los que abundan los salmones, mientras la imponente silueta de los volcanes vigila admonitoriamente la prodigiosa extensión de una tundra apenas habitada por el oso pardo. Nos hallamos, sin duda, en uno de los últimos territorios salvajes del hemisferio norte.

En el extremo más oriental de Rusia, donde acaba Siberia, se halla esta península de origen volcánico, de 1250 kilómetros de longitud, que se interna en el océano Pacífico. La zona en la que se agrupan los volcanes está inscrita en la lista del patrimonio mundial de la Unesco desde 1996. Kamchatka está rodeada por los mares de Ojotsk y de Bering, y entre la península y el océano Pacífico se extiende la fosa de las Kuriles con profundidades que alcanzan los 10.500 metros.

Esta gigantesca casi-isla estuvo durante cincuenta años completamente vedada a los extranjeros debido a la ubicación de infraestructuras militares ultrasecretas.

Ahora, poco a poco, este territorio está desvelando lentamente sus tesoros naturales. De los bosques casi azules pasamos al yermo inexplorado, rodeado por grandes cadenas de montañas en las que hay 160 volcanes, 29 de ellos, activos. Sus fumarolas dibujan sus penachos contra la pureza azul del cielo. El punto más alto de la península es el Kliuchevskoi de 4.835 m de altura, aunque la cumbre más impresionante es el volcán Kronotsky, cuyo cono perfecto le convierte en uno de los volcanes más bellos del planeta.

No sólo los volcanes pueden ser atacados en una inolvidable ruta a pie, diversas empresas organizan salidas en helicóptero que sobrevuelan estas inmensas moles y los campos congelados de lava. También resulta prodigiosa la fauna del país, con el oso pardo como rey indiscutible, aunque tampoco es difícil contemplar águilas, zorros, alces... Al lago Kurilskoye acuden estos grandes plantígrados a pescar salmones en sus gélidas aguas, para variar un poco su dieta de bayas silvestres.

El Parque Nacional de Nalychevo reúne hasta diez volcanes, entre los que discurren ríos purísimos. Atesora también una fauna y una flora rica y abundante. Incluso, debido a un turismo incipiente y aprovechando las características geológicas del territorio, existen diversos resorts termales.

Ahora es posible dormir en un acogedor lodge de madera con vistas al lago Kurilskoye y a las montañas que la rodean; darte un baño en las aguas termales del río Khodutka, bajo el volcán del mismo nombre; hacer una excursión en barca a la bahía del río Avacha o hacer trekking por la reserva de la Biosfera de Kronotsky... Y si el viajero decide ascender y asomarse al cráter del volcán Tolbachik, a 3.085 m. de altura, la vista en derredor del medio centenar de conos que lo rodean quedará grabada de manera indeleble en su retina.

Otra excursión lleva al viajero a alcanzar los crateres de los volcanes activos de Mutnovsky y de Gorely. Asomarse al crater del Mutnovsky es como asomarse a la cocina del diablo. Las fumarolas son incesantes y, aún estando tranquilo el volcán, su actividad le hace expulsar una gran cantidad de energía en forma de gases y afloramientos de sulfuro.

Entre enormes cantos rodados gigantes y ríos de lava solidificada, en una lenta ascensión, llegamos al crater del Gorely. A medida que nos acercamos a la cima, aquellos ríos de lava solidificada, bullen hirviendo. Es como si la tierra, en estos confines, estuviera aún en proceso de formación.



http://www.tuaregviatges.es/asia_kamchatka.html
http://www.travelkamchatka.com/
http://www.viajes-rusia.com/kamchatka/kamchatka.htm