Público
Público

Karakorum, en busca de Genjis Jan

La capital fundada por Genjis Jan, y que ampliaron sus descendientes, es el destino de todas las peregrinaciones en busca de la huella de una de las personas más influyentes de la historia.

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Basta alejarse un kilómetro de la última casa de Ulán Bator para que aparezca el vacío que define el paisaje de Mongolia. Es la estepa sin fin, extensos pastizales sin árboles en los que se pueden divisar rebaños de camellos o de cabras. Muy de vez en cuando aparece un poblado, una fila de casas alrededor de una gasolinera y una tienda de comestibles. Después, otra vez el vacío del país con menor densidad de población del mundo.

A primera vista el camino a Karakorum, la capital de Genjis Jan (que no hay que confundir con la cadena montañosa del mismo nombre del norte de Pakistán en la que se encuentra el K2), es fácil. Son 375 kilómetros por un paisaje ajeno al tiempo, que ha debido de cambiar muy poco desde los tiempos de Gengis Jan. Aquí el paso de las horas se mide por la longitud de las sombras.

Al lado del lugar donde Gengis Jan estableció su capital en el año 1220 aparece ahora Kharkhorin, un villorrio de 9.000 habitantes que vive alrededor del mercado. Éste parece una versión moderna de un mercado de nómadas, y los puestos son en realidad contenedores. Cuando estos cierran al final de la tarde el lugar parece un depósito. En medio, unas mesas de billar atraen a los jóvenes que buscan desesperadamente un lugar en el que reunirse y entretenerse.

Kharkhorin se alza en una planicie justo donde el río Orkhon sale de unos desfiladeros. Gengis Jan eligió el sitio por la importancia de la zona en la tradición de los nómadas de Asia Central. Hoy se piensa que en este valle, habitado desde hace miles de años, surgió la civilización de jinetes, ganado y yurtas que se extendería por todo el interior del continente.

En el tiempo de Genjis Jan, Karakorum no sería más que un campamento de tiendas, y las construcciones que describieron los viajeros europeos que precedieron a Marco Polo fueron obra de sus descendientes. Más tarde, en el siglo XVI, en el mismo Karakorum se levantó Erdene Zuu, la lamasería más importante del país, utilizando como material de construcción los restos de la antigua capital.

Erdene Zuu es el edificio más importante que se conserva en la zona, aunque lo que queda no es ni la sombra de su antiguo esplendor. Su gran muralla cuadrangular, de 400 metros de lado y con 108 pagodas blancas, es visible desde varios kilómetros de distancia. Este monasterio llegó a tener casi cien templos en todo el recinto. El paso del tiempo y la destrucción sistemática durante el periodo de influencia soviética llevó a su casi total desaparición.

Hoy, y gracias a la restauración de los últimos años, hay tres templos que reviven su antiguo esplendor y continúa siendo un punto importante para la historia y la cultura de Mongolia. Su colección de pinturas y bordados es excelente, y en su biblioteca se conserva una buena colección de manuscritos y textos impresos con planchas de madera. También hay algunos trabajos de Zanabazar, el pintor, escultor y líder religioso del siglo XVII que creó el canon budista y fue el primer artista reconocido de Mongolia.

En la ceremonia de la mañana, los monjes recitan sus oraciones y la ceremonia tiene algo de eterno. La solemnidad del momento contrasta con las interrupciones de algunos participantes para da un sorbo al vaso de té. Afuera, más allá de las murallas, se extiende el vacío de la estepa. A unos centenares de metros hay algo que destaca en la soledad de la planicie, una tortuga de piedra. Cuatro como ésta marcaban los límites de la antigua Karakorum.


Air China
Nobel Tours





gersyurtasCrown Café