Publicado: 26.04.2014 11:20 |Actualizado: 26.04.2014 11:20

Karol Wojtyla, un "santo súbito" por la puerta de atrás

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"Un joven de 21 años de edad ha muerto hoy viernes, cerca de Brescia (norte de Italia), aplastado por una cruz de madera de 30 metros de altura que se construyó en 1998 por Enrico Job en honor de papa Juan Pablo II, quien será canonizado este domingo en Roma junto a Juan XXIII", destacaba el pasado viernes el diario madrileño El Mundo. El papa que hoy ha sido canonizado en Roma no hizo milagro alguno en este caso. Tan sólo otros dos milagros han sido suficientes para llevarle a los altares: la curación del parkinson de una monja francesa, (por el que fue beatificado en 2011) y la curación "inexplicable" de una mujer costarricense que había sufrido un aneurisma cerebral...

El pontífice número 264 de la historia de la Iglesia fue beatificado por su sucesor, Benedicto XVI, y ha sido canonizado por Francisco, el primer papa latinoamericano, en una ceremonia en la que también ha sido elevado a los altares, como santo, otro pontífice, Juan XXIII. El papa polaco ha sido entronizado como santo tan sólo nueve años y tres semanas después de su muerte, un plazo récord que ha sorprendido a no pocos católicos. (Uno de los pocos santos "express" de la historia de la Iglesia Católica fue san Antonio de Padua, que murió en junio de 1231 y sería canonizado menos de un año después).

Elegido Juan Pablo II papa el 16 de octubre de 1978, Karol Wojtyla (su nombre de pila) sucedería a Juan Pablo I (muerto en extrañas circunstancias apenas un mes después de ser elegido pontífice). El papa Wojtyla moriría el 2 de abril de 2005, tras cerca de 27 años de pontificado. Un pontificado polémico para unos, y ejemplar para otros. Muchos cristianos (y no cristianos) no pueden llegar a comprender cómo un papa cuyo pontificado ha estado minado por cientos de casos de pedofilia en la iglesia (con crímenes de pederastia cometidos por sacerdotes, obispos, cardenales y hasta un fundador de una Congregación religiosa, que durante muchos años fue, según la expresión popular, su "brazo derecho"), ha sido beatificado y ahora es canonizado en tan poquísimo tiempo después de su muerte. No pueden comprender cómo ha podido llegar a "santo" un pontífice que, por el contrario, no dudó lo más mínimo en condenar la llamada "Teología de la Liberación" y a teólogos tan poco sospechosos de increyentes como el franciscano brasileño Leonardo Boff y otros teólogos comprometidos en los países más pobres de África o Latinoamérica, como los jesuitas españoles Jon Sobrino o Ignacio Ellacuría, este último asesinado en El Salvador, como lo fuera otro obispo igualmente comprometido, Oscar Arnulfo Romero, que no gozó precisamente de las simpatías del nuevo papa santo. Papa que sí simpatizó con dictadores tan sangrientos como lo fuera el presidente de Chile, Augusto Pinochet, a quien no dudó en administrarle personalmente la Comunión.

Simultáneamente a sus posturas con los sectores más progresistas de la Iglesia, y más fieles al espíritu del Concilio Vaticano II, convocado precisamente por Juan XXIII, el otro papa canonizado, Juan Pablo II, apoyó sin ambages movimientos ultraconservadores como el Opus Dei (a cuyo fundador también canonizaría) o el movimiento neocatecumenal  conocido como "los Kikos" por el nombre de su fundador, de gran influencia en la iglesia española y en la archidiócesis de Madrid, Kiko Argüello, ambos movimientos con gran poder e influencia en las instancias vaticanas. Otro de los asuntos que han puesto en duda la "salud" del pontificado de Juan Pablo II ha sido el de la Banca Vaticana IOR (Instituto para las Obras de Religión), que han corrompido la vida financiera de la Iglesia y que está en el punto de mira de la reforma -aún no culminada- del papa Francisco.

Pero el caso más sangrante del pontificado de Juan Pablo II, y que en situaciones "normales" le impediría llegar a los altares, ha sido el del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel Degollado, que gozó durante todo su pontificado de la protección del papa polaco, pese a las acusaciones (llegadas a las instancias vaticanas desde la década de los años 50 del siglo pasado) de haber abusado de muchos de sus seminaristas y colaboradores, de haber mantenido una doble vida con dos mujeres y varios hijos, de entregarse a las drogas y de otros actos que han ido descubriéndose aún en vida del papa Wojtyla, hasta que fue "relegado al silencio" una vez desaparecido el pontífice polaco y siendo papa quien debería ser conocedor de todos estos delitos, Joseph Ratzinger (después Benedicto XVI), que dirigió durante el pontificado de Wojtyla la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el antiguo Santo Oficio.

El historiador de la Iglesia Michael Walsh se preguntaba en abril de 2011 (El Universal de México) si era "necesario o conveniente beatificar a Juan Pablo II tan pocos años después de su muerte, dado que la mayoría de los participantes en dicho proceso, incluido el papa actual (Benedicto XVI) de algún modo deben sus puestos al pontífice difunto y por tanto cabe dudar de su imparcialidad... El Vaticano ha acelerado este proceso con una prisa que nos parece impropia". Sería el propio Benedicto XVI quien prescindiera del habitual quinquenio de espera, y permitió que el proceso de beatificación comenzara semanas después de la muerte de Juan Pablo II, el 2 de abril de 2005. "El caso de Juan Pablo II no tuvo que hacer cola en el supermercado", llegó a decir el titular de la Oficina de Canonización Vaticana, cardenal Angelo Amato, entre risas, en una conferencia de prensa. Y cuando un periodista le preguntó si los escándalos por los abusos sexuales de cientos de sacerdotes afectaba a la causa de la beatificación, respondió sin inmutarse: "El pecado existe. Nuestros pecados existen. Pero esto no impide la santidad de otros".

Las dudas y comentarios acerca de esta precipitada canonización, que parece haber llegado "por la puerta de atrás", ya que el proceso de elevar a Juan Pablo II a los altares lo inició Benedicto XVI, que había trabajado con el papa polaco un cuarto de siglo, no han parado desde hace varios años. Se acaban de conocer las declaraciones de quien fuera portavoz del nuevo santo, el español Joaquín Navarro Valls, acerca de que "Juan Pablo II no conocía los resultados de las investigaciones sobre los casos de abusos sexuales contra menores de edad en la Iglesia Católica", que es una de las lacras adjudicadas a Karol Wojtyla. Pero no pocos investigadores consideran que "el papa peregrino" no quiso condenar los casos de pederastia en los que estuvo involucrado Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Navarro Valls es un miembro cualificado del Opus Dei, sector católico que atrajo decisivamente al  papa polaco. El vocero de Karol Wojtyla insiste en que el sumo pontífice "supo solo al final de su papado de los crímenes de los curas y que debido a la "pureza de su pensamiento" le resultaba difícil aceptar que sacerdotes abusaran sexualmente de los infantes"... Ya en abril de 2011 Navarro Valls afirmaba que "la beatificación de Juan Pablo II no comporta un juicio histórico sobre la manera cómo administró la Iglesia, sino una evaluación sobre sus virtudes cristianas... En cuanto a esto no caben dudas... Las vivió de manera heroica".  Pero no todos piensan lo mismo. La revista tradicionalista estadounidense The Remnant expresó sus reservas sobre aquella beatificación debido a los escándalos sexuales durante el pontificado del papa Wojtyla, la debacle de los Legionarios y lo que la revista entendía como los abusos en la Liturgia.

George Weigel, autor de una biografía de Juan Pablo II, sostiene que el Vaticano haría bien en explicar públicamente cómo resolvió las dudas provocadas por la Legión de Cristo. Benedicto XVI -señala Weigel- "tardó diez años en sancionar a Maciel desde que el Vaticano recibió las primeras denuncias". En otro artículo publicado en The Tablet, Weigel pidió al Vaticano disipar las dudas de la complicidad de Juan Pablo II con Marcial Maciel. Nunca lo hizo. "Llevará siglos comprender los logros y fracasos de Juan Pablo II en toda su magnitud", afirma Weigel en "El fin y el principio", su biografía sobre Juan Pablo II.

Algunas de las víctimas de los abusos de Maciel, que empezaron a denunciarse mundialmente en 1997, no piensan lo mismo que Valls. José Barba, ex Legionario de Cristo que padeció los abusos de Maciel, ha señalado en SDPNoticias  que "la credibilidad de la Iglesia Católica está en juego, si llega a comprobarse "plenamente" la participación de Juan Pablo II en los actos de pederastia de los Legionarios de Cristo". Y añade taxativamente: "Estoy convencido de que el Papa supo de los casos de pederastia de Maciel. El Vaticano se lava las manos por un lado negando tener conocimiento de los casos de pederastia, y por el otro encubre a curas pederastas... Hay una sistemática voluntad de no saber". Pero existen evidencias de que Juan Pablo II pudo enterarse mucho antes de lo que ocurría. Algunos obispos de Estados Unidos exigieron al Vaticano (a Ratzinger, luego Benedicto XVI) ya a mediados de los años 80 que buscaran medios más rápidos para destituir a curas pederastas... cosa que no se hizo. Marcial Maciel, a quien el propio papa Wojtyla calificó de "ejemplar", fue acusado de cometer delitos sexuales en 1997. Y Juan Pablo II, que visitó México (país natal de Maciel) 5 veces, hizo oídos sordos a estas denuncias.

Miles de católicos vienen insinuando hace años que el Vaticano debería haber respondido a las dudas sobre el pontificado de Juan Pablo II antes de iniciarse su proceso de beatificación. "Nadie discute su santidad ni sus logros", escribe el periódico mexicano El Universal. Logros que este periódico resume en "derribar el comunismo y popularizar el catolicismo entre miles de jóvenes que acudían en masa a sus misas en todo el mundo". Pero el periódico mexicano destaca los "numerosos casos de abuso sexual de menores durante los 27 años de su pontificado por parte de muchos sacerdotes y su escandaloso encubrimiento por la jerarquía eclesiástica". Para muchos observadores del Vaticano, el mayor fracaso durante el pontificado de Juan Pablo II fue precisamente el escándalo producido dentro de la Congregación de los Legionarios de Cristo, cuyo fundador (amigo del papa Wojtyla) había ya sido condenado durante dos años por el papa Pío XII a principios de los años 50.

Uno de los temas, pues, más vidriosos que ponen en entredicho la canonización de Juan Pablo II, es el referido a los escándalos del fundador de los Legionarios de Cristo, el sacerdote mexicano Marcial Maciel, con quien el papa polaco mantuvo durante sus 27 años de pontificado una estrecha relación, sin conocer o sin dar por verdaderas las numerosas denuncias que desde 1997 se venían haciendo sobre la vida del poderoso clérigo de Cotija (Michoacán). Denuncias que llegaban a Roma y que indefectiblemente deberían pasar por las manos de Joseph Ratzinger, a la sazón Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (y las Buenas Costumbres).

A juicio del secretario de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, Juan José Tamayo Acosta, "los 6 últimos papas, de Pío XII a Benedicto XVI, conocían las aberraciones sexuales que cometía Marcial Maciel, que fundó la Legión de Cristo con ese objetivo..."  Tamayo destaca "el posible pecado de simonía de estos papas, agravado porque encubren, ocultan, legitiman y apoyan los comportamientos criminales de Marcial Maciel. Ellos recibieron importantes sumas de dinero que llega al Vaticano y a algunas de las diócesis más poderosas del mundo. Estamos ante la lacra más grave de la Iglesia Católica en el siglo XX". Una de las cosas más sorprendentes del papa Francisco en este asunto es -añade Tamayo- "su resolución del problema de los Legionarios de Cristo aceptando un nuevo dirigente, sin siquiera exigir un cambio de los Estatutos y otras cosas. Esta Congreación debería haber sido sencillamente eliminada". En cuanto a las opiniones de Tamayo sobre Benedicto XVI afirma que "ha sido tan cómplice o más que los otros papas. Ante todo fue el guionista de todo el pontificado de Juan Pablo II, porque le marcó la ruta en todos los campos, durante los 23 años y medio que estuvo al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio), donde recibió una gran cantidad de denuncias contra Maciel. Durante su prefectura se prohibía a las víctimas revelar los abusos sexuales que le llegaban... Esto revela que o no alertó al papa Juan Pablo II o el papa miró a otro lado. Un papa que sí fue duro, inquisidor y represivo contra los teólogos, los reformadores y los renovadores del Concilio Vaticano II". Tamayo se sorprende de la canonización de dos papas tan diferentes como Juan XXIII y Juan Pablo II, ya que este último tomó "una dirección completamente contraria a la del papa Roncalli".

Por todo ello, el secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII califica de "ambigua" la decisión del papa Francisco de canonizar a dos Papas tan diferentes como Juan XXIII, "papa del diálogo, la reforma y la apertura, que convocó el Concilio Vaticano II", y Juan Pablo II, "un Papa de la involución y la ruptura de puentes con la modernidad". Para el teólogo Tamayo, autor de 50 libros sobre la Teología y la Iglesia de nuestro tiempo, estamos ante una "turbo-canonización" inexplicable, 9 años y 3 meses justos después de la muerte de Karol Wojtyla. No es fácil encontrar en la historia de la Iglesia una canonización tan rápida". Entre las excepciones puede estar san Antonio de Padua, que murió en junio de 1231 y fue canonizado menos de un año después. Tamayo encuentra un porqué: "De esta manera, Francisco reconoce el modelo de Iglesia de Juan Pablo II y hace una concesión discutible a los católicos wojtylianos".

En efecto, día tras día se va manifestando de forma más clara la "ambigüedad" del papa argentino, cuya expresión doctrinal, sin ser tan extrema como la de Juan Pablo II o la de Benedicto XVI, se escora cada día más hacia una línea conservadora. Ello no quiere decir -precisa Tamayo- que Francisco no sea sincero en su voluntad de reforma de la Iglesia, "pero lo está haciendo a fuego lento y sin dar pasos adelante en los aspectos más importantes (el papel de la mujer, la teología moral, o la reforma de la Curia) que todo el mundo esperaba del nuevo Papa".  Francisco dio recientemente el visto bueno a la beatificación de 522 asesinados -calificados de mártires- de la guerra civil española, y desaprovechó esa circunstancia para pedir a los obispos españoles una condena expresa y largamente solicitada por los muchos católicos españoles del apoyo de la iglesia de España a la dictadura de Franco, así como la condena del fascismo y del nazismo. Son otras pruebas evidentes de la ambigüedad de este Papa, que va a canonizar a dos pontífices tan diferentes: la santidad de Juan XXIII puede justificarse, la de Juan Pablo II no".