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Karzai tiende la mano a la oposición y a los talibanes

Los insurgentes afganos rechazan dialogar con la "marioneta" de EEUU

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En sus primeras horas tras ser reelegido presidente de Afganistán, Hamid Karzai ha hecho gala de su legendaria elegancia indumentaria y política. En una comparecencia en el Palacio Presidencial, el mandatario ha tendido la mano a la oposición llamando a la formación de un Gobierno de unidad nacional en el que nadie se sienta excluido, al tiempo que ha llamado a sus 'hermanos talibanes' a sumarse al proceso político.

Los insurgentes, tan implacables en lo marcial como locuaces en lo dialéctico, han rechazado educadamente la pipa de la paz que les tendía la 'marioneta' de Washington y Londres, dijeron en un comunicado.

La diplomacia será en los próximos meses la herramienta más útil para un presidente que ha sido elegido en unas elecciones fraudulentas y con una legitimidad mermada por la anulación de la segunda vuelta tras la renuncia de su rival, su ex ministro de exteriores Abdullah Abdullah.

'Es sorprendente que los mismos que afirmaban que Karzai había estado implicado en un fraude masivo inaceptable ahora lo elijan presidente gracias a esos votos fraudulentos', ironizaban los talibanes.

El proceso electoral ha sido un fiasco, 'pero hay que reconocer que por encima de todo ha sido resuelto con guante de seda para evitar choques entre los partidarios de ambos candidatos', dijo a Público una fuente diplomática que pidió mantener el anonimato.

Karzai es de la etnia mayoritaria pashtún (un 42% de los afganos), de modo que los tayikos (27%) que han votado masivamente a Abdullah se pueden sentir poco representados en el Gobierno. Hasta el momento, Karzai tiene a su lado a un solo político de esta etnia, Mohamed Qasim Fahim, acusado por las organizaciones de derechos humanos de crímenes de guerra y de tráfico de drogas.

El nuevo mandatario tendrá que prestar más atención a estos detalles después de los mensajes de felicitación de sus socios occidentales, que le emplazan a luchar contra la corrupción de forma más decidida, entre ellos el presidente estadounidense, Barack Obama, que advirtió de que 'las pruebas no serán las palabras, sino los hechos'. Karzai ha respondido comprometiéndose a 'utilizar todas las herramientas para acabar con esa lacra', aseguró.

En los próximos cinco años, Karzai se enfrenta a numerosos retos, aunque el más apremiante es el imparable avance de la insurgencia talibán que, lejos de desaparecer, va creciendo a medida que aumenta el número de tropas extranjeras en este país.

El pánico empieza a calar entre los empleados de la ONU y de las ONG que trabajan sobre el terreno, en un país económicamente dependiente (el 90% del presupuesto procede de las donaciones internacionales) y donde queda mucho por hacer, con un 72% de analfabetos y una esperanza de vida no superior a los 45 años.