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"L'amour fou": réquiem de amor y subasta por Yves Saint Laurent

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¿Ritual funerario o estrategia económica? La "subasta del siglo" de la colección privada de Yves Saint Laurent y su "viudo" Pierre Bergé tras el fallecimiento del célebre diseñador, sirve de hilo conductor a "L'amour fou", el documental de Pierre Thoretton presentado en San Sebastián.

Esta cinta, que acaba de ganar el premio FIPRESCI en Toronto y se estrena esta noche en París, asume las suspicacias que pueda levantar: Pierre Bergé, el responsable de la polémica decisión de desmantelar el patrimonio de más de 1.200 objetos de incalculable valor, es el narrador y el productor.

"Pierre Bergé es un hombre de palabra y un hombre que cree en la libertad", asegura Thoretton en una entrevista con Efe. Y reconoce que, lejos de sentirse intimidado, Bergé le instó a llegar a la esencia de la cuestión sin rodeos.

Por eso, la cinta carga con su dudosa objetividad en pos de una reflexión muy polémica.

"L'amour fou" retrata "el gran paseo que Pierre Bergé e Yves Saint Laurent deciden hacer juntos" y que les lleva a París o a Marraquech, pero habla en realidad de un ritual de exorcización del hombre que decidió someterse al mito.

Bergé, en una de las declaraciones más escalofriantes de este impúdico pero siempre elegantísimo documental, asegura que los roles entre ellos estuvieron siempre muy delimitados tanto en lo profesional como en lo sexual. La regla fue siempre no inmiscuirse.

Con la humildad de plegarse al genio y la astucia optimizada desde el rol secundario, Bergé se revela como un espectador privilegiado de una vida tan privilegiada que dinamita las prioridades morales y románticas convencionales. Un comportamiento casi imposible de juzgar.

Y es por eso por lo que, en consecuencia, "L'amour fou" acaba transmitiendo esa subasta como catarsis.

"No era una cuestión de colocar dinero. Su patrimonio era un ensamblaje de momentos vividos durante cincuenta años de amor. Y los objetos estaban ligados íntimamente a Yves Saint Laurent, eran parte de su cuerpo. Una vez desaparecido el cuerpo, la dispersión de los objetos es una decisión lógica", explica el director.

Ahí se llega a la incómoda verdad que dibuja "L'amour fou": quizá lo material no está tan separado de lo espiritual. Quizá el amor no tenga que ser loco, sino que, para estar cincuenta años, haya que plantearlo como una fórmula empresarial.

"Es verdad que el amor es loco, pero también debe ser muy pragmático", explica el director. "Una relación de tanto tiempo tiene que tener una finalidad para funcionar, un objetivo. Sea un barco, un hijo o un perro. Sea el que sea", puntualiza.

"El que sea", en este caso, es la fluidez del genio que se transforma a su vez en el rendimiento económico de la marca del diseñador que, tímido y miope, empezó a trabajar a los 18 años como ayudante de Christina Dior.

En su espectacular recorrido por lo boyante, "L'amour fou" describe además otro incómodo discurso. "Mi abuela me decía que es mejor ser rico y estar en forma, que ser pobre y estar enfermo", subraya el director.

Por un momento, la cinta rompe ese consuelo de los pobres de que la abundancia conduce a la insatisfacción y demuestra que se puede ser rico, guapo, talentoso, inteligente, amante, amado y feliz. Que los ingredientes de la vida de Saint Laurent y Bergé son los de una vida irrebatiblemente maravillosa.

Porque qué duda cabe de que, si se tiene el equilibrio, la inteligencia y el control suficientes, tener a Andy Warhol pintando un retrato y a Mick Jagger tocando el piano en la misma habitación sólo puede ser una experiencia enriquecedora y un lujo al alcance de casi ninguno.

Por desgracia, pronto Yves Saint Laurente muestra sus flaquezas y rompe el cuento de hadas. Comienza a coquetear con las adicciones, a sentirse asolado por la depresión.

"Cuanto más daba al mundo, más perdía él mismo. Su vida y su relación estaban sometidas a una presión enorme. No sé si es una víctima, porque para ser una víctima tienes que tener un verdugo. Pero quizá él mismo fuera su propio verdugo", reflexiona Thorreton.

Pero al lado del sufrimiento del diseñador, emerge el apoyo cálido y la fría estabilidad de Bergé. ¿Amor incondicional o eficiencia empresarial? Ésa es la cuestión.

Mateo Sancho Cardiel