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El ladrón de "El grito" escondió el cuadro entre los tableros de la mesa del comedor

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Pål Enger, uno de los autores del robo de "El Grito" de Edvard Munch en 1994, ha admitido por primera vez su culpabilidad y que escondió el famoso cuadro entre los tableros de la mesa del comedor, sobre la que sus tíos y su madre comían tarta y bebían café todas las tardes.

La confesión manuscrita del ladrón de arte más conocido de Noruega figura en un proyecto artístico que hoy presenta en una galería de Asker, a las afueras de Oslo, Elisabeth Werp, y para el que ha entrevistado a dieciocho presos.

Enger señaló hoy al diario noruego "VG" que le divertía mucho saber que mientras la policía registraba todo el país en busca del cuadro, su familia tomaba la merienda sobre la mesa donde, sin ellos saberlo, estaba escondida la pintura.

"Por primera vez confieso que estaba detrás del robo, lo planeé durante 4 años, y no fue el dinero lo que me movió a hacerlo, sino el reto y el juego. Ahora lo admito porque si quiero ser honesto conmigo mismo no lo puedo negar más", confiesa hoy Enger en el tabloide noruego "VG".

Enger y otras dos personas entraron al Museo Nacional el 12 de febrero de 1994 a través de una ventana tras trepar por una escalera, y efectuaron el robo en 50 segundos, cortando el cable que sujetaba la obra a la pared.

El cuadro fue recuperado 3 meses después en un hotel a las afueras de Oslo.

El popular ladrón inició su carrera en 1988, con el robo de otra obra de Munch, "El vampiro", y suma más de 11 años de cárcel por 9 condenas distintas, la mayoría relacionadas con el arte.

Actualmente Enger cumple pena de prisión de un año y 10 meses por varios robos menores y por conducir sin carné.

Munch pintó varias versiones de "El grito", aunque las más famosas son las que se encuentran en el Museo Nacional y el Museo Munch, ambos en Oslo.

Esta última fue robada junto con "La Madonna" en agosto de 2004 y recuperada dos años después.