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Lavelli dice que con su teatro no pretende estar "dentro de la norma"

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El director teatral francoargentino Jorge Lavelli dirige estos días en el LVI Festival de Teatro Clásico de Mérida la versión de "El avaro" de Molière sin pretensión de "buen gusto o estar dentro de la norma", una obra que tiene a Juan Luis Galiardo como protagonista y coproductor.

En una entrevista concedida a EFE, ha dicho haber vivido "una forma de asedio" para llevar la obra a los teatros.

Apacible y refinado, masticando las palabras antes de decirlas, Lavelli ha manifestado que con la compañía que dirige, denominada "Le Mechant Theatre", pretende hacer un teatro que sacuda al espectador por su mensaje o interpretación.

Enseguida ha enlazado con la función de crear una dialéctica que ha de tener el teatro. "Se trata de provocar una reflexión sobre el mundo cuando baja el telón, éste es el privilegio del teatro", confiesa.

"¿Es Harpagón un perverso, un hombre en busca de una nueva forma de libertad o un personaje que se adapta y se convierte en el símbolo de una sociedad?", ha inquirido reflexivo sobre el personaje que protagoniza Galiardo en "El Avaro", de quien ha apuntado que "no nos es extravagante, pues todos conocemos avaros de una manera u otra en nuestras vidas".

Ha confesado que cuando el actor gaditano-pacense le instigó a montar esta obra se sintió muy excitado porque, aunque montar obras de Molière en Francia parece que no tiene gracia por la cantidad de gente que lo hace, "siempre es interesante hablar del poder del dinero y la ambición".

Molière se inspiró a su vez, previamente, en "La olla" de Plauto, lo que prueba que "no hablamos de un tema privativo del siglo XVII", ha remachado.

Ha agregado que muchos observadores consideran que algunas escenas de Plauto están mejor en el dramaturgo comediógrafo francés y que "son más efectistas teatralmente hablando y culminan en el aspecto cómico".

Tal vez sea esto, ha explicado, lo que haya hecho que Molière haya superado las barreras del tiempo, ha dicho señalando con admiración su habilidad para escudriñar con sentido crítico las estructuras sociales.

Se ha confesado muy amigo de Francisco Arrabal, pero ha aclarado que nunca formó parte de ningún grupo, ni del "Pánico", "institucionalizado" por el dramaturgo melillense y el chileno Jodorowsky, del que nunca llegó bien a comprender "qué querían decir".

Pero, en todo caso, a Lavelli le atraen nuevas formas de sacudida al espectador.

Por esto considera que "El arquitecto y el emperador de Asiria" es una idea "teatralmente formidable", "era un teatro de ruptura y de búsqueda de cosas nuevas".

Como también lo pretendió la "patafísica", "una ciencia inventada" a mitad del siglo XIX por surrealistas franceses para proponer "una nueva mirada al mundo humorística y crítica", Lavelli propone un teatro de sacudida.