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¿Quién lavó todos estos platos?

Roma descubre a través de la cerámica uno de sus tesoros, la Cripta Balbi, el complejo arquitectónico milenario en el que está instalado el Museo Nacional de Roma.

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El Museo Nacional de Roma ha desenterrado doscientas cerámicas que trazan un recorrido histórico de la vida en la Cripta Balbi -el complejo arquitectónico milenario en el que está instalado este museo- y con las que muestra al público una ciudad romana transformada con el paso de los siglos.

Las vasijas, copas, platos o utensilios de uso común recuperados en este espacio componen Invito a tavola (Invitación a la mesa), una exposición que puede verse hasta el 26 de diciembre en este céntrico museo, a pocos metros de la plaza Venecia, y que refleja las costumbres de las familias que habitaron la Cripta Balbi entre los siglos XI y XVII.

Pero esta invitación también es una oportunidad para descubrir una labor arqueológica que arrancó hace diez años en este patio porticado, adherido al teatro Balbo construido por Lucio Cornelio Balbo en el siglo 13 a.C, que ha sido testigo de demoliciones, asentamientos, reconstrucciones y, ahora, excavaciones.

Estas piezas testimonian la riqueza de la Cripta Balbi y sirven para trazar una pequeña historia de la cerámica, de cómo fue utilizada, producida e importada en Roma durante esos siglos. Las piezas abarcan desde la cerámica funcional de los siglos XI y XII, de formas simplificadas y sin elementos decorativos, hasta piezas con escudos y símbolos papales del XVII, cuando empezó a extenderse el consumo del café y el chocolate, que trajo consigo el uso de vajillas muy específicas recuperadas en este histórico espacio.

La mayoría de las piezas han sido encontradas en la ciudad encerrada en la Cripta Balbi, un lugar que primero fue barrio antiguo, después medieval y finalmente un complejo arquitectónico renacentista. Antes de sufrir un periodo de abandono, la Cripta Balbi fue utilizada en parte como letrina, y siglos después, en la Edad Media, fue ocupada por dos iglesias y sus respectivos monasterios, San Lorenzo in Pallacinis y Santa María Domine Rose.

Lo que hoy vemos es la suma de las estratificaciones arquitectónicas y urbanísticas a lo largo de los siglos, un trozo de la ciudad antigua habitada que contiene materiales de diversos contextos arqueológicos de una riqueza espectacular.

La sede del actual Museo Nacional Romano, en la céntrica Vía delle Botteghe Oscure, es sólo una primera parte del futuro recinto expositivo, que se ampliará en los próximos años y estará articulado en dos secciones centradas, respectivamente, en la cultura ciudadana y las transformaciones urbanas de la Cripta.

Con muestras como Invito a tavola, el visitante puede percibir de manera inmediata una de las grandes riquezas escondidas en Roma y pisar las capas de su historia.