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Las lecciones de Bill Clinton

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Ganada la elección por Obama podemos empezar a considerar cómo será su tiempo en la Casa Blanca. No hay duda de que será una presidencia ideológicamente moderada. La diferencia de votos electorales es mucho mayor que la diferencia porcentual en votos reales, alrededor de un 5%. Obama no tiene un mandato de izquierdas, aunque sea de izquierdas a la americana, que es cualquier cosa menos radical.

Su mandato es doble. Primero, la economía. Y aquí ni siquiera tiene compromisos detallados. Más bien lidiar con ella con la misma sensatez, deliberación y calma con que lideró su campaña electoral.

El segundo encargo del electorado es precisamente y en clarísimo contraste con George Bush, llevar una presidencia poco partidista, lo más unificadora posible. Las estrategias divisivas de los republicanos ya no son toleradas por los norteamericanos en tiempos de crisis económica.

En seguir a una presidencia Bush, en ganar unas elecciones en medio de una crisis económica (aunque es mucho peor la actual), en contar con un mandato de moderación, y en juventud, Obama tiene ciertas analogías con Bill Clinton. ¿Se parecerán ambas presidencias? ¿Recibirá Obama los ataques, políticos y personales, que recibió Clinton?

Éste cometió importantes errores al principio de su presidencia. Siguió operando con el estilo, y equipo, propio de una campaña electoral pero ineficaz en la Casa Blanca. Se enzarzó en batallas que nadie le había pedido (gays en el Ejército) y se lió con el intento de reformar del complejísimo sistema de sanidad. Buena parte de su capital político lo desperdició en los primeros dos años de su primer periodo.

Podemos pensar que Obama habrá aprendido en cabeza ajena. Todo parece indicar que para sus políticas económicas no tomará riesgos y se apoyará en el grupo de experimentados expertos, ninguno sospechoso de izquierdismo, que asesoraron a Clinton en los económicamente exitosísimos últimos años de su mandato, como Summers y Rubin.

Además es cercano al inversor más rico del mundo Buffett, y hasta podría rescatar a Volcker, presidente de la Reserva Federal de la era Reagan. Casi todos ellos están ligados a los intereses de Wall Street. Que nadie se lleve a engaño, se trata de sofisticar el capitalismo, no de sustituirlo o modificarlo sustancialmente.

A diferencia del primer mandato de Clinton, pero a semejanza del segundo, Obama intentará contar desde el principio con republicanos para su Gabinete, como el secretario de Defensa Gates.

Aparte de poder aprender de los errores de Clinton, Obama cuenta con tres ventajas adicionales. Uno, la prensa le dará mas tregua -al fin y al cabo es el primer presidente afroamericano-. Segundo, Obama parece desplegar un autocontrol personal mucho mayor que el de su predecesor demócrata y, en cualquier caso, la población parece mucho mas paciente ante estos faux pas.

La histeria conservadora por el caso Lewinsky ha constituido una magnífica vacuna para prevenir las consecuencias de posibles futuros deslices. Tercero, es el agotamiento de la ola conservadora iniciada por Reagan. Clinton tuvo que enfrentarse a un movimiento en auge, desde los grupos religiosos, a los neo-cons en política exterior, a los liberales en economía. Hoy están exhaustos. Podríamos estar pues ante una presidencia clintoniana, pero con menos errores y menos escándalos. Y, por tanto, con mucho mayor impacto.