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Lehman se reencarna en Grecia

La caída del banco de inversión, hoy hace tres años, fue un acontecimiento devastador que aceleró la crisis

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'¿Qué ocurre si Lehman quiebra y no pasa gran cosa?', se preguntaba Willem Buiter, profesor de la London School of Economics y actualmente economista jefe del banco norteamericano Citi, en su respetado blog del diario Financial Times en la mañana del domingo 14 de septiembre de 2008. Buiter advertía: 'Si el Tesoro ofrece apoyo para un rescate financiero de Lehman o cualquier otro banco de inversión o banco comercial, se pueden abrir las compuertas y la posición fiscal del Gobierno federal de Estados Unidos quedaría materialmente afectada. No hace mucho que Japón compartió el mismo rating crediticio con Botswana. Un billón aquí, otro billón allí, y el Gobierno puede perder su calificación triple A'.

Su apuesta: 'Podremos tener una prueba tan pronto como mañana sobre las consecuencias sistémicas de la caída de un banco de inversiones. Soy optimista en el sentido de que los bancos de inversión volverán a ser negocios más normales de lo que el Tesoro y la Reserva Federal ha descrito durante el rescate del banco Bear Stearns'.

'Dejar caer Lehman ha sido un verdadero error', dijo entonces Lagarde

Buiter perdió su apuesta, claro, ya que la caída de Lehman, hace hoy tres años, fue uno de los acontecimientos más devastadores que contribuyó a ampliar considerablemente la crisis en curso y extenderla al resto del planeta. Y la agencia Standard & Poor's terminó, tres años después, en julio pasado, por degradar al Gobierno de Estados Unidos quitándole la triple A.

Que la caída de Lehman fue la mezcla de una bravuconada neoliberal (por las críticas recibidas a cuenta del rescate en marzo de 2008 de Bear Stearnsy la virtual nacionalización de las empresas hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac el 7 de septiembre) y la pérdida de control de la situación por parte de la Administración Bush fue evidente 48 horas más tarde, cuando la Reserva Federal dio un viraje de 180 grados al rescatar con 85.000 millones de dólares a la principal compañía de seguros norteamericana, American Insurance Group (AIG).

Las repercusiones de la caída de Lehman se hicieron sentir rápidamente dentro del país y en todo el mundo. Uno de los principales y más antiguos fondos monetarios, el Reserve Primary Fund, colocó en su pagina web, el 16 de septiembre, el siguiente anuncio: 'El valor de las obligaciones emitidas por Lehman Brothers Holdings que posee el Primary Fund (valor nominal de 785.000 millones de dólares) ha sido valorado en cero a partir de la [hora] 4 p.m.'. El pánico estaba servido. Al tiempo, la filial de Lehman en Tokio, con obligaciones de 3,4 billones de yenes (o 32.400 millones de dólares), se declaró en quiebra, la mayor en la historia de Japón.

El británico Gordon Brown calculó que la crisis no duraría más de seis meses

Los mercados bursátiles de todo el mundo fueron cayendo como fichas de dominó. La pérdida de riqueza en las bolsas, en efecto, alcanzó, durante las 36 horas posteriores a la caída de Lehman los 600.000 millones de dólares. El mercado interbancario se disparó a tal punto que quedó virtualmente cerrado. Ninguna institución financiera prestaba a otra. La desconfianza se generalizó.

La Administración Bush había hecho tronar el escarmiento para acto seguido solicitar al Congreso en un 'documento' de tres folios un cheque en blanco por valor de 700.000 millones de dólares para salvar a los restantes bancos. En aquellos días, el rechazo de la conducta de la Administración Bush fue clarísimo. 'La decisión del secretario del Tesoro, Henry Paulson, de dejar caer a Lehman Brothers ha sido horrenda. Desde el punto de vista del equilibrio del sistema financiero mundial, un verdadero error', declaró la entonces ministra de Finanzas de Francia y hoy directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde.

Aunque la caída de Lehman agigantó la crisis financiera acumulada, la recesión de la economía estadounidense había comenzado, técnicamente hablando, en diciembre de 2007. Ya en el primer semestre de 2007, el ritmo del aumento del empleo había caído a la mitad respecto a los años anteriores (2005 y 2006). De una tasa de paro del 4,4% en 2007 se pasó a una del 6,2% en septiembre de 2008. A finales de año, los datos mensuales de desempleo alcanzaban las 681.000 personas, el doble de las subidas experimentadas en las dos recesiones anteriores.

Tres años después, los problemas, lejos de amainar, han adquirido proporciones imprevistas para los jefes de Gobierno europeos. Según las memorias del exministro de Hacienda británico, el laborista Alistair Darling, el entonces primer ministro Gordon Brown consideró a mediados de 2008 que la crisis no duraría más de seis meses. En España, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, estimaba que se trataba de un bache transitorio importado totalmente desde el exterior y que el sistema financiero español, gracias al sistema de provisiones instaurado por el Banco de España, le proporcionaba una inmunidad. El sistema financiero británico se hundió; y una parte del español, representado por las cajas de ahorro, está en vías de desaparición.

Pero esto no iba a ser todo. En lugar de un banco, ahora la crisis ha tomado cuerpo, desde 2009, en países con deudas (publicas y privadas) elevadas. Empezó por Grecia y siguió por Irlanda y Portugal, para afectar, ahora mismo, a España e Italia.