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Leipzig

Violaciones y bodas forzadas con musulmanes están a la orden del día para los 5.000 mandeístas que quedan en Irak

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Los adeptos al mandeísmo son los últimos descendientes de las antiguas religiones gnósticas de Oriente Medio. Su fé se basa en la fuerza purificadora del agua, su principal ritual es el bautismo, que se celebra un número indeterminado de veces en la vida de cada fiel. Veneran por ello a Juan Bautista, al que llaman Yahia, y rechazan a Jesucristo por falso profeta. Es una religión monoteísta con un libro sagrado, la Ginza. En el mundo hay unos 50.000 fieles, 15.000 de ellos en Europa. Cuando empezó la invasión de Irak en 2003, había allí unos 30.000. Ahora no quedan más de 5.000.

Para los islamistas, el mandeísmo vale menos que judaísmo o cristianismo. En Irak, la persecución fue sistemática en tiempos de Sadam Husein, ahora la ejercen los islamistas.

A Rafaat Aljamisi le alcanzó esta represión el 17 de marzo de 2006, cuando sonó el teléfono de su casa en Bagdad. '¿Eres Rafaat?'. 'Sí', respondió él. 'Sucio mandeísta. Infiel. Eres porquería, podredumbre. Conviértete o te aplicaremos el tratamiento especial', le espetó un hombre al otro lado de la línea. Cinco días después, tres hombres le metieron en un coche. Le vendaron los ojos y se lo llevaron a las afueras de Bagdad. Lo ataron, le bajaron los pantalones y le circuncidaron con unas tijeras. Lo arrojaron al suelo a unos 100 metros de un hospital, al que se arrastró sangrando.

Esta escena no es en absoluto excepcional en el Irak de hoy. Amnistía Internacional, la agencia de refugiados de la ONU y la Sociedad de Pueblos Amenazados (Alemania) han recopilado docenas de testimonios similares. Las circuncisiones forzadas, violaciones y bodas forzadas con musulmanes están a la orden del día para los 5.000 mandeístas que quedan en Irak. La represión se recrudeció con la guerra. Tres días después del derrocamiento de Sadam en 2003, una turba islamista quemó vivo a un niño de 7 años en pleno centro de Bagdad.

La única salida de los mandeístas es el exilio, pero para los políticos europeos, ocuparse de minorías de Irak distintas de los cristianos ya es hilar demasiado fino. 'En Alemania, a la mayoría se le concedió asilo político, pero desde hace un año se están anulando muchos permisos de residencia con el argumento de que la seguridad ha mejorado en Irak', critica Kemal Sido, coordinador de Oriente Medio de la citada sociedad alemana. 'No se les devuelve a Irak, se les tolera, pero esta situación no les da una perspectiva de seguridad, tampoco para sus hijos', añade.

Los mandeístas están a merced de los ministerios del Interior europeos. Es el caso de Hikmat Al Saleem, un joyero de Basora que vive con su esposa Yahida en la ciudad de Leipzig, en el este de Alemania. Estatus: tolerados. Tienen cuatro hijos, dos en Dinamarca, uno en Holanda y otro en Nuremberg. Las circunstancias obligan a resignarse, a sus 72 años, Al Saleem ha encontrado la fórmula para que la tragedia de su comunidad no le amargue la jubilación en el exilio. A falta de ríos, los bautismos se celebran en las duchas, pero Hikmat no deja de sonreír. Ni siquiera cuando constata con toda tranquilidad: 'Vamos a desaparecer'.