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Leire Pajín se examina por fin de valencianidad, pero en el Senado

La número tres del PSOE se estrena en la Cámara con iniciativas sobre su comunidad

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Leire Pajín quiere hacer su examen de valencianidad. Pero no el test que de buenas a primeras se sacó el PP de la Comunidad Valenciana (PPCV) para obstruir durante seis meses el acceso a su escaño en el Senado. Ese no. Se someterá a la prueba que desde el martes le toca ejercer apoyar al Gobierno central, y arrancarle de vez en cuando compromisos y donde le toca, en la Cámara alta.

La número tres del PSOE tradujo su examen en varias iniciativas que presentó: son varias preguntas escritas al Ejecutivo sobre la llegada del AVE a Valencia en 2010, el grado de cumplimiento de los convenios firmados por el Ministerio de Fomento y la Generalitat y la repercusión del programa Turismo Social Europeo en la región. Pajín también defenderá en el Pleno una moción para que el Gobierno prorrogue la protección a la industria del calzado en su comunidad. Todo muy valenciano. Y todo para recordar al PP que sí, que es valenciana de adopción nació en San Sebastián en 1976, y que defenderá con 'orgullo' los intereses de los valencianos, como luego se cansó de repetir a la prensa.

La foto, la expectación, absolutamente insólita, tardó seis meses. Los mismos que el PP de la Comunidad Valenciana 'obstruyó' la designación de Pajín como senadora territorial. Mariano Rajoy fue quien tuvo que deshacer el entuerto.

Por eso, para celebrar el fin del 'atropello' del PP, la secretaria de Organización del PSOE fue recibida en el hemiciclo con aplausos, sonrisas, resoplidos de 'por fin' de todos los grupos parlamentarios, menos el Popular. Por eso, una cincuentena de dirigentes del PSOE (de la dirección federal y la andaluza, del Gobierno y el Congreso) acudió a arroparla en su primer pleno en el Senado. El séquito fue encabezado por Manuel Chaves, presidente del partido y vicepresidente tercero del Ejecutivo, Carmela Silva, portavoz socialista en la Cámara, y Jorge Alarte, líder del PSOE en la Comunidad Valenciana.

Pajín prometió (no juró) acatar la Constitución, tomó posesión de su acta y quedó en su escaño. Palmeó a los ministros, charló con sus compañeros Ruth Porta, Carmela Silva y José Ignacio Pérez, saludó a senadores de otros grupos, consultó su móvil.

Luego, las declaraciones de rigor. 'Se ha restaurado la normalidad democrática', subrayó, ufana. No era una cuestión de 'lucha personal', por pillar escaño en la Cámara. Pelear por ese asiento que correspondía al PSOE 'formaba parte de la legalidad constitucional', recalcó.

No habían pasado ni cinco minutos cuando Pajín tuvo que atender otra causa, y esta no fue valenciana. Para nada. La senadora Judith Alberich, de la Entesa, se había desvanecido mientras interpelaba a Chaves. Resultó ser un bajón de azúcar. Si no, se habría dicho lo típico, que la política da demasiados sustos.