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El libanés Khalil Joreige reconoce que filma para hacer visible lo que no se ve

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El director libanés Khalil Joreige ha declarado hoy en el Festival Internacional de Cine de Gijón, donde presenta una retrospectiva de su obra, que sus películas son el resultado de una "reacción química" y las hace para "hacer visible lo que no se ve".

Su último largometraje "Je veux voir" (Yo quiero ver), un viaje desde Beirut al sur del Líbano tras una incursión del Ejército de Israel, protagonizado por la actriz francesa Catherine Deneuve y a mitad de camino entre el documental y la ficción, se estrena hoy en España en las salas de Gijón concertadas con el certamen.

Joreige ha dado hoy una rueda de prensa en la que además se presentó el libro "El blanco de los orígenes" de Gonzalo de Lucas y Núria Esquerra, que analiza la particular forma de hacer cine de este director que ha formado pareja profesional con su esposa Joana Jadjithomas.

El cineasta ha explicado que filma con un guión flexible que nunca se lo da a conocer a los autores, pero que suele respetar a la hora del montaje con la intención de verse "sorprendido" por lo que "casi siempre surge" en el rodaje y que este método se adapta perfectamente al bajo presupuesto de sus películas.

Joreige ha dicho que no puede hacer grandes producciones, pero eso no le preocupa demasiado porque los rodajes suelen ser de poco tiempo, en lugares accesibles, utilizando a la gente del lugar como extras, y porque su concepción del cine como "un encuentro" tiene una alta dosis de azar.

"El azar siempre es sorprendente, pero hay que tener el valor de aceptarlo porque asusta", ha afirmado.

Joreige y su esposa han filmado "Je veux voir" con la intención de mostrar la complejidad de la realidad del Líbano que no se veía en las imágenes de la televisión que "descontextualiza" la realidad.

El cineasta ha dicho que después del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 S, se ha producido una "bipolarización en el mundo que simplifica la realidad en caracteres binarios de buenos y malos, negros y blancos, musulmanes y cristianos..."

"Nuestro trabajo consiste en introducir la complejidad de este mundo y hacer visible lo que no se ve", ha afirmado.

Ese mismo esquema le ha llevado a realizar la obra gráfica "Círculo vicioso", un puzzle de enormes dimensiones construido con tres mil fragmentos de una fotografía aérea de Beirut montado sobre un espejo".

El montaje, que se expone en una sala de un centro cultural de Gijón, reflexiona sobre la historia y la realidad de la capital libanesa al incentivar al observador que se lleve una de las piezas del puzzle en cuyo reverso puede leerse la frase "Beirut no existe".

Joreige se ha manifestado convencido de la dificultad para definir la identidad de su país en el que cohabitan una veintena de confesiones religiosas que funcionan como comunidades, que sin embargo se "reencuentran como individuos" en el ocio nocturno de la capital.

El director de cine ha interpretado además el fenómeno de las 17.000 personas desaparecidas a consecuencia de la violencia que permanecen como "una imagen latente de una fotografía" en la sociedad de un país que tiene "una historia difusa".

"Esas personas han desaparecido, la mayoría, por pertenecer a una confesión religiosa no adecuada a ese momento y ahora es la familia la que tiene que decidir si la mata al darla por fallecida", ha explicado.