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El "Libro de las brujas españolas" reivindica el poder femenino de las hadas

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Como en un aquelarre, decenas de mujeres sabias, buenas y malas se han reunido en el "Libro de las brujas españolas", 42 cuentos y 24 leyendas con los que Ana Cristina Herreros recupera el carácter original de estos personajes legendarios que representan el poder femenino.

Brujas mediterráneas, atlánticas, cantábricas, pirenaicas y del interior desfilan por este libro para niños y adultos, publicado por Siruela, que invita a soñar y a descubrir las versiones españolas de decenas de cuentos populares, que conservan la frescura de las tradiciones orales de la Grecia Antigua o la Edad Media.

Después de contar historias de enanos, cíclopes, culebras, duendes y dragones en el "Libro de los monstruos españoles", Ana Cristina Herreros ha vuelto a los cuentos populares para dar voz a brujas, hadas y hechiceras, personajes que a diferencia de los monstruos, "de verdad existieron y con los que España ha convivido", ha explicado la autora en una entrevista con Efe.

Y es que las brujas son "mujeres normales y corrientes, cuya única anomalía, si es que la tienen, es que tienen poder y lo usan", asegura Herreros, sin dudar en calificar su libro de "feminista", porque reivindica un personaje "demonizado por la sociedad patriarcal, basada en la ocultación de ese poder que tenemos las mujeres, que lo tenemos todas", subraya.

"Las brujas representan el miedo al poder de las mujeres, por eso se las aparta, se las demoniza y se las tacha de algo obsceno, porque son muy transgresoras, porque se atrevieron a vivir solas sin la protección de un varón", afirma la autora, para quien cualquier libro que ella escriba "es una investigación sobre el poder de las mujeres".

Pero el "Libro de las brujas españolas" también refleja que, pese a la persecución que sufrieron durante la Inquisición, "las brujas en España no son seres demonizados, sino que son sabias curanderas a las que se ha acudido siempre para resolver conflictos", afirma la autora.

Las brujas españolas están muy lejos de los estereotipos de "bruja-mala" o "hada buena", una imagen que según Herreros "obedece a intereses de mercado y está creada por capitalismo americano y por las factorías fílmicas".

La autora viaja a la propia etimología de cada término en el prólogo de su libro, donde desvela las pocas diferencias que hay entre brujas, hadas y hechiceras, que por su conocimiento sobre la naturaleza, por intervenir en el destino de los hombres o mediante la construcción de artificios, tienen un poder que siempre está marcado por la experiencia.

Y todas pertenecen a un mundo mágico, revestido de señas identitarias. Por eso algunas comen filloas, otras crían cabras o viven entre almendros, porque "los cuentos populares se llenan de la piel, del corazón y del alma de la persona que lo cuenta", afirma Herreros.

Algunas brujas, especialmente las canarias y las gallegas, han viajado a Latinoamérica, como recoge la autora en "Las brujas se van a La Habana", la leyenda que cierra el volumen.

Un final que la autora no eligió de manera casual, sino después de "sufrir muchos avatares" mientras escribía el libro: "viajé a Cuba y perdí toda la información del disco duro de mi ordenador. Quizás fue una protesta de las brujas latinoamericanas", bromea.

Herreros espera que el "Libro de las brujas españolas" sea un motivo para que "niños y adultos se sienten a compartir estos cuentos, en los que no importa quién seas y qué hagas, porque siempre va a haber una bruja o una hechicera que te va a ayudar".