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Licencia para abusar

Exigencia FIA. Muchos pilotos molestos por el incremento de ls tasas aún no han abonado sus permisos

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Glock, Massa y Alonso volaron ayer sobre el asfalto de Jerez. Fueron los más rápidos y, vuelta tras vuelta, superaron con creces los 200 km/h. Ninguno de ellos ha renovado aún el permiso necesario para ser, a todos los efectos, piloto de Fórmula 1.

Para intentar asaltar el trono de Hamilton, Alonso tiene que pagar 141.120 euros. Es el precio de la llamada superlicencia de Fórmula 1, documento obligatorio expedido por la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). El descomunal incremento aplicado de forma unilateral por Max Mosley, presidente de la FIA, indignó tanto a los pilotos que incluso circularon por el paddock rumores de huelga. No hay caso. A modo de inocua protesta, la mayoría remolonea y, a tres semanas del arranque del Mundial, no se ha rascado el bolsillo. Lo hará en los próximos días.

Mosley ya dio un primer sablazo el año pasado cuando el concepto fijo que pagan todos los pilotos oficiales y probadores subió de 1.725 a 10.000 euros. En noviembre da otra vuelta de tuerca:el fijo llega hasta los 10.400 euros y, sobre todo, el variable pasa de 437 a 2.100 euros por cada punto conseguido; a ello hay que añadir un seguro obligatorio de 2.720 euros.

Provocaciones de Mosley

La FIA presiona a los equipos y estos, acobardados por la crisis económica e inmersos en el tradicional agobio de pretemporada, jamás han contemplado siquiera la posibilidad de boicotear el Gran Premio de Australia (29 de marzo). Saben que sus pilotos pagarán. El pasado jueves la FIA desveló que tres pilotos ya han pasado por caja. Apenas 24 horas después, Williams confirmó que Rosberg, Nakajima y Hulkenberg (probador) han abonado 48.820, 32.020 y 13.120 euros respectivamente.

Amén del propio incremento de las tarifas, lo que ha enervado a las estrellas de la F1 es la actitud pública de Mosley. El presidente de la FIA se ha mostrado inflexible en todo momento. No ha querido abrir rendija alguna a la negociación, ni siquiera al diálogo, con la Asociación de Pilotos de Gran Premio (GPDA) que preside Pedro Martínez de la Rosa, probador español de McLaren.

'Ganar diez millones de euros al año, vivir en un paraíso fiscal y quejarse porque tienes que pagar el 2% de tus ingresos es una tontería', declaró Mosley cuando conoció la protesta formal de los pilotos. 'Hay muchos otros campeonatos en los que un profesional se puede ganar la vida', añadió displicente.

Sin ir más lejos, el precio de la licencia para correr en la Nascar competición automovilística más importante de Estados Unidos que se disputa en circuitos ovalado asciende a 3.160 euros (4.000 dólares).

La GPDA a la que no pertenecen pesos pesados como Hamilton o Raikkonen respondió contundentemente a Mosley. En un duro comunicado le recordó que 'los ingresos son confidenciales' y que 'la FIA debería reunir fondos suficientes de la explotación de los derechos comerciales; los pilotos no deberían ser gravados para financiar los costes de otros'. Al final, pagarán.