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Un líder débil y marcado por escándalos de corrupción

Hamid Karzai pertenece a la aristocracia que gobierna Afganistán desde 1881 

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A pesar de ser un gran aficionado al buzkashi, el violento deporte nacional afgano que consiste en golpear desde un caballo el cadáver de una cabra decapitada, Karzai es un hombre elegante y educado, políglota y conciliador.

Ataviado con ese gorro de astracán afgano karakul y su capa de rayas verdes, Gucci lo ha designado como el gobernante mejor vestido del mundo. Influyen en sus maneras su descendencia aristocrática, ya que procede del grupo tribal pashtún de los Durrani, a la que pertenecen su clan Popalzai y el de Barakzai, del que han salido todos los reyes y emires de Afganistán desde 1881.

Desde 2002 ya ha sobrevivido a cuatro atentados de los talibanes

Sus seguidores admiran su valentía y su suerte, ya que escapa a la muerte con cierta regularidad. Desde 2002 ha sufrido cuatro atentados de la insurgencia talibán y consiguió salir ileso de un bombardeo sobre Kandahar, cuando el fuego amigo de un superbombardero B-52 norteamericano casi lo mata. En esos momentos Karzai debe pensar a menudo en el destino de su padre, Abdul Ahad Karzai, asesinado en Quetta a los 75 años por orden directa del mismísimo mullah Omar, después de que padre e hijo viajaran a Roma para encontrarse con el rey Zahir Shah en 1999 y conspirar contra el régimen talibán.

El destino y los estadounidenses llevaron a este empresario hostelero al frente de su país, gracias a las amistades fraguadas con algunos miembros de los servicios secretos norteamericanos durante los ochenta, cuando impulsaba la yihad (guerra santa) con dinero de EEUU para combatir a los soviéticos.

Fraguó su ascenso en las relaciones con los servicios secretos de EEUU

Tras sus primeros años de presidencia después de la caída del régimen talibán, en 2001, su forma de gobernar despertó euforia, pero en estos últimos años su relación con la comunidad internacional se ha degradado. Se le reprocha la corrupción, sus pactos con señores de la guerra tan sanguinarios como Dostum, y las actividades de su hermano, acusado por la CIA de enriquecerse con el narcotráfico.

Aunque es visto por la mayoría de los afganos como el artífice de la reconstrucción del país, sus adversarios le detestan por su debilidad, su complacencia con los norteamericanos y su doble rasero a la hora de defender los derechos de las mujeres, además de su incapacidad para acabar con la violencia talibán.

Pero lo que más irrita es la rampante corrupción, que se ha hecho imparable en el país a todos los niveles. En la primera vuelta electoral quedó demostrado que cometió fraude masivo, gracias a las trampas organizadas por sus acólitos pashtunes de la misma etnia (mayoritaria en el país), con más de un millón de votos sospechosos sacados de colegios electorales que nunca abrieron o de aquellos en los que el 100% de las papeletas fueron para él.

Karzai es hoy en día un líder débil, tras unas elecciones no legítimas y con una comunidad internacional que le observa con desconfianza. El último de los gobernadores Durrani tendrá que nadar en aguas turbulentas y encontrar una enésima solución que pacifique este país, en el que hay presentes unas 100.000 tropas extrajeras, sin estrategia definida e incapaces por el momento de frenar el resurgir delos talibanes.