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Los líderes aplazan a enero el recorte de emisiones

La declaración política, no vinculante, sí concreta una ayuda de 100.000 millones de dólares para los países en desarrollo

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Al filo de la medianoche, los líderes mundiales presentes en la cumbre del clima de Copenhague llegaron a un acuerdo in extremis. Nada parecido a un tratado internacional. Una veintena de presidentes de Gobierno y jefes de Estado, entre los que se encontraban Obama, Lula da Silva y Zapatero, redactaron a última hora una declaración política, no vinculante, sin cifras concretas de recorte de emisiones, pero con dinero inmediato sobre la mesa para lubricar el acuerdo, que por sí solo no servirá para luchar contra el cambio climático.

En el llamado Acuerdo de Copenhague, los líderes mundiales afirman estar 'de acuerdo con que se necesitan recortes drásticos de las emisiones globales en consonancia con la ciencia' para que el incremento de la temperatura en el planeta se mantenga 'por debajo de los dos grados'. Suena bien, pero los detalles son decepcionantes. La declaración no pone fecha para evitar esa subida de temperatura.

El texto, suscrito por los 192 países -según el Gobierno francés-, tampoco menciona el recorte global de las emisiones de CO2 necesario para que el termómetro no se dispare más allá de dos grados, el famoso 25%-40% en 2020 respecto a los niveles de 1990, que estaba en la negociación original. Los países se comprometen, según fuentes francesas, a dar las cifras en enero.

La UE pedirá que el acuerdo se convierta en un tratado vinculante para los 192 países en la próxima cumbre de México de 2010. China e India se opusieron ayer a este cambio rotundamente. En 2015 se revisaría el supuesto protocolo de Copenhague, si se aprobara en México, para adaptarlo al próximo informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU, que se publicará en 2014.

Para facilitar el acuerdo, los líderes mundiales se comprometieron a firmar el cheque climático: 10.000 millones de dólares anuales entre 2010 y 2012 para los países pobres. Y confirmaron la creación de un fondo que alcance los 100.000 millones de dólares en 2020. Los países no aceptan, sin embargo, la vigilancia de los recortes que había exigido EEUU para poner su parte.

Con la financiación, los líderes mundiales consiguieron salvar la cara cuando parecía imposible. Por la mañana, el presidente de EEUU no satisfizo las expectativas generadas. 'Debemos escoger la acción sobre la inacción', proclamó Barack Obama en el plenario ante los principales líderes mundiales. Sin embargo, llegó a Copenhague con las manos vacías. Obama se limitó a repetir el discurso de Hillary Clinton del día anterior y reiteró que su país se sumará al fondo climático de 100.000 millones para los países pobres en 2020 si China acepta que se auditen sus emisiones.

El portavoz del G-77, que agrupa a los 130 países más pobres del planeta más China, ya había dejado claro que esa cantidad era insuficiente para llegar a un acuerdo. 'Mejor sin acuerdo que con uno malo', dijo el sudanés Lumumba Di-Aping. Y no era una jugada más dentro de la partida de cartas en la que se convirtió la negociación. Las cifras sobre la mesa no impedirían la subida de más de dos grados en la temperatura del planeta. Según la Alianza Panafricana para la Justicia Climática, esto se podría traducir en unos 500 millones de personas afectadas por la sequía.

Obama tampoco ofreció recortes de sus emisiones más allá del 4% ya comprometido para 2020 respecto a 1990, pese a que la UE le había demandado a lo largo de la cumbre una reducción más drástica, comparable a la europea. Bruselas bajará sus emisiones un 20% y estaba dispuesta a llegar al 30% si los demás países daban un paso adelante.
El mandatario estadounidense, no obstante, exigió transparencia a China, que se opone a que otras potencias verifiquen si los niveles de emisiones que comunican son ciertos.

'Debemos disponer de un mecanismo para revisar si estamos cumpliendo nuestros compromisos, y para intercambiar esta información de manera transparente', pidió Obama, en respuesta al primer ministro chino Wen Jiabao, que había hablado en primer lugar en el plenario (el presidente de EEUU fue el tercero, tras Lula). 'No es necesario que estas medidas sean molestas, o supongan una injerencia en las soberanías', concedió Obama. 'Sin esta responsabilidad, cualquier acuerdo no sería más que palabras vacías', zanjó.

Minutos antes, Wen Jiabao había dejado clara su postura ante el plenario, asegurando que 'China se toma muy en serio el cambio climático'. Sin embargo, subrayó que su anunciada desaceleración del aumento de emisiones es 'una acción voluntaria', que no está ligada a las posturas de otros países. En la reunión de los líderes de 26 países escogidos por la presidencia danesa para impulsar las negociaciones, entre ellos EEUU, Brasil y España, China se opuso a cualquier control internacional de sus emisiones, según la ministra Elena Espinosa. 'China está siendo durísima, cada vez que un mandatario levanta la mano, sale China a responder', aseguraban.