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Los líderes de la UE analizan mañana cómo ayudar a Georgia y contener a Rusia

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Los líderes de la Unión Europea celebran mañana una reunión extraordinaria para analizar las consecuencias de la guerra en Georgia, el papel que puede desempeñar Europa en la pacificación del Cáucaso sur y el futuro de su difícil relación con Rusia.

No se espera ninguna decisión radical de los Veintisiete como imposición de sanciones contra Moscú por su uso desproporcionado de la fuerza en Georgia y por el no respeto a la integridad territorial de esta república ex soviética.

Lo más que acordarán los gobernantes comunitarios, según han adelantado fuentes de la actual presidencia francesa de la UE, será poner "bajo observación" sus relaciones con el poderoso vecino del Este.

A diferencia de la OTAN, que ha cancelado hasta nueva orden sus reuniones políticas regulares con Moscú y la cooperación militar, la Unión no suspenderá el diálogo con los rusos, aunque someterá a minucioso escrutinio el futuro de las relaciones.

A principios de julio, la UE y Rusia, su principal proveedor de gas y petróleo, comenzaron la negociación de un ambicioso acuerdo "estratégico" bilateral con el que Europa pretendía involucrar a Rusia en un juego común político y económico de intereses compartidos.

Los gobiernos de la UE se encuentran ahora profundamente divididos sobre la continuación de esas negociaciones, tras la implacable demostración de fuerza hecha este verano por el presidente Dmitri Medvédev, el mismo que hace apenas dos meses declaraba su deseo de acercar más a Rusia a la Unión Europea.

Polonia y las repúblicas bálticas, que ven en los sucesos de Georgia la prueba del resurgir del sueño imperial en el Kremlin, encabezan el grupo de los que exigen una respuesta firme y sanciones.

Por el contrario, Alemania apela al realismo.

"Que me expliquen qué es una sanción para Rusia", ha declarado esta semana el ministro alemán de Exteriores, Frank Walter Steinmeier.

El jefe de la diplomacia alemana cree que "en esta complicada situación política hay que mantener un resto de sentido común. Rusia continuará siendo nuestro vecino y es necesario, en nuestro propio interés, retornar a unas relaciones normales".

La cumbre de Bruselas debe permitir al menos a los europeos hacer una manifestación de unidad ante el poderoso vecino ruso que, al cabo de dos semanas de "guerra relámpago" contra Georgia (del 8 al 22 de agosto) ha asegurado por la fuerza un control definitivo sobre las regiones separatistas georgianas de Osetia del Sur y Abjasia.

El Consejo Europeo instará a Rusia a respetar todos los compromisos contraídos en el acuerdo de alto el fuego del 12 de agosto, que fue obtenido gracias a la mediación del jefe del estado francés, Nicolás Sarkozy, quien mañana presidirá, a partir de las 15:00 (13:00 GMT), la reunión de los Veintisiete.

Rusia debe cumplir todavía el punto que se refiere a la retirada de sus fuerzas "a las líneas anteriores al comienzo de las hostilidades" y acceder a la apertura de un proceso de "discusiones internacionales" sobre la estabilización de Osetia del Sur y Abjasia.

Aún hoy, fuentes oficiales georgianas denunciaban la violación del territorio soberano de Georgia por parte del Ejército ruso más allá de los límites administrativos de las dos regiones en disputa.

Según Tiflis, los rusos mantienen 23 puestos de control dentro de Georgia fuera de las zonas tampón, doce en el centro y once en el oeste del país, con 970 soldados y 73 vehículos blindados pesados.

Moscú tampoco da muestras de querer respetar los apartados del acuerdo de paz que estipulan el establecimiento de un "mecanismo internacional" de pacificación y la discusión, también a nivel internacional, de las modalidades de seguridad y estabilidad en Osetia del Sur y Abjasia.

El reconocimiento por Rusia de la independencia unilateral de ambas regiones aleja la perspectiva de despliegue de una misión imparcial de observación en las zonas que ahora están bajo control total de los rusos.

El pasado 13 de agosto, el ministro sueco de Asuntos Exteriores y presidente en ejercicio del Comité de ministros del Consejo de Europa, Carl Bildt, se expresaba en Bruselas en términos bastante pesimistas sobre la posibilidad de enviar observadores europeos.