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"Llamen al comisario Otero", el hombre que venció a los tupamaros

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El hombre que derrotó a los tupamaros, Alejandro Otero, protagoniza el nuevo libro de Raúl Vallarino, unas memorias del legendario policía que torció el brazo a esa guerrilla urbana, mientras aguantaba los embates de la CIA y el KGB empeñados en traer la Guerra Fría al Montevideo de los años sesenta.

"¡Llamen al comisario Otero!" (Planeta) reúne recuerdos de operaciones policiales contra personajes que hoy gobiernan Uruguay, desvela intrigas internacionales en las que estuvieron implicados servicios secretos extranjeros y hace revelaciones sobre episodios inéditos de la historia reciente de Latinoamérica.

El libro, según señala a Efe su autor, completa la línea iniciada con sus dos anteriores obras, "Expediente Narbone. La CIA en Uruguay" y "Patria", la historia de África de las Heras, la coronela española del KGB que a fines de los años cincuenta dirigió desde Montevideo el espionaje soviético en América del Sur.

Tanto África de las Heras como la CIA aparecen en el nuevo libro de Vallarino, quien gracias a sus investigaciones con Alejandro Otero pudo confirmar tesis adelantadas en esos textos anteriores.

Uno de esos episodios fue el asesinato del profesor Arbelio Ramírez durante la visita del Che Guevara a Uruguay en agosto de 1961, atribuido a un intento de matar al guerrillero argentino, pero que, según constataron Otero y Vallarino, se trató de un ajuste de cuentas del espionaje soviético.

"El atentado no había sido preconcebido contra el Che", sino que "había sido directamente realizado contra Ramírez", a quien África de las Heras había pedido una implicación en tareas de inteligencia y, al negarse, quedó abierta la posibilidad de que se revelara la trama del KGB en Uruguay", afirma Otero en una entrevista con Efe.

"Al ver que no podían dominarlo", explica el ex policía, "es cuando se toma la decisión de que a Arbelio Ramírez hay que matarlo", y ningún escenario mejor que en el acto en el que participaba el Che Guevara en la Universidad.

Otero explica que el entorno de la CIA en Uruguay estaba "infiltrado por los servicios de inteligencia cubanos" y por ende soviéticos, de ahí sus recelos a esa cooperación, recelos que finalmente significarían su reemplazo por el Gobierno afín a EE.UU.

"En la historia reciente del Uruguay, Otero es el policía más importante, a quien, en la época más difícil, le tocó como jefe del Departamento de Inteligencia y Enlace de la Policía Uruguaya enfrentarse a la naciente guerrilla urbana", recuerda Vallarino.

Fue el primero en alertar sobre los tupamaros a principios de los sesenta, cuando comenzaron a asaltar camiones con comida y llevar el botín a los barrios marginales.

"Si en un principio pudieron aparecer como una especie de Robin Hood, esto quedaría desvirtuado, tras los secuestros y asesinatos cometidos", dice Vallarino.

"Hay que decirlo", manifiesta el escritor, "los tupamaros no nacieron para combatir a la dictadura (1973-1985). Nacieron en democracia para derrotar a la democracia".

Cuando llegó la dictadura "los tupamaros estaban derrotados y la mayoría en la cárcel", puntualiza.

"Yo derroté a los tupamaros y fue un trabajo eminentemente policial. Estábamos aún muy lejos de 1973 (cuando se instauró la dictadura en Uruguay)", explica Otero, quien subraya la falta de medios con la que emprendió su cruzada.

Para completar sus magros ingresos como policía, Otero trabajó de árbitro de fútbol profesional, periodista ocasional e incluso vendedor de libros y ropa.

A pesar de ser su némesis, los guerrilleros lo respetaban, pues el comisario siempre se negó a utilizar la tortura, en contra de las recomendaciones de los agentes de la CIA.

"La CIA reconocía que era el mejor preparado para enfrentarse a los tupamaros. El problema era que no se dejaba controlar", apunta Vallarino, quien recuerda cómo Otero fue llamado a EE.UU. para que les "instruyera" sobre esa guerrilla urbana, "un fenómeno desconocido para ellos".

Otero "no quería ninguna agencia extranjera en Uruguay, ni la CIA ni el KGB", agrega.

Finalmente, a principios de la setenta, la CIA logró sacarlo de su cargo.

Sobre la derrota de los tupamaros, Vallarino recuerda que estos mismos admiten el papel que tuvo Otero en esa lucha y agradecen que no los interrogara con "apremios físicos".

Otero es muy claro al respecto: "fue un juego de inteligencia con ellos. De mente a mente".