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Llaneras no se baja del podio ni en su adiós

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Joan Llaneras le ha tomado cariño al podio olímpico y en su última prueba, la de su despedida definitiva de los velódromos, logró con su paisano Antonio Tauler la plata en la prueba de Madison, la cuarta medalla olímpica del mallorquín de 39 años, y que lo convierte en el deportista español más laureado en unos Juegos.

Tras el oro conseguido hace tres días en la puntuación individual, Llaneras había advertido que sería difícil seguir engordando su palmarés. Pero lo logró. Sumó una nueva plata, la segunda tras la conseguida en puntuación en Atenas 2004, a lo que añade los oros de este año y de Sydney 2000 en puntuación.

En total un palmarés olímpico sin par en España, a lo que suma siete mundiales, cuatro en puntuación y tres en Madison, para completar un currículum de ensueño que le permitirán retirarse tranquilo, sereno, en la plenitud de sus éxitos, sin ningún reproche.

Llaneras y Tauler quedaron por detrás de otros dos veteranos, los argentinos Juan Esteban Curuchet, de 43 años y seis Juegos, y Walter Fernando Pérez, de 33. Pero los españoles aventajaron a dos rusos de prometedora carrera como los rusos Mikhail Ignatyev y Alexei Markov.

A los rusos les arrebataron la plata en el último sprint. Hasta ese momento, los españoles eran bronce, un puesto que ni siquiera tenían asegurado porque los belgas Iljo Keisse y Kenny de Ketele buscaron hasta el final sumar una vuelta extra que les habría dado el oro olímpico. Y que habría apeado a los mallorquines del cajón. Pero no lo consiguieron.

Mientras tanto, Tauler y Llaneras iban a lo suyo. Sumaron dos puntos en el último sprint y superaron a los rusos. Les arrebataron la plata, el segundo escalón de un podium que suena a trampolín de gloria para un Llaneras que no quiere seguir exprimiendo su talento. Y al mayor éxito deportivo para un Tauler que a sus 34 años saborea las mieles del triunfo.

Los españoles habían ganado vuelta tras el sexto sprint de puntuación. Eran los únicos que lo habían hecho junto con los argentinos, que lo hicieron tras el segundo, y los rusos, que lo habían logrado en el cuarto. Ningún otro equipo logró completar una vuelta suplementaria, lo que dejaba a los tres en franca lucha por las medallas.

Las tres selecciones con vuelta en su haber debían competir por sumar el máximo de puntos, mientras el resto estaban condenadas a luchar por entrar en ese exclusivo club. Ninguna otra lo consiguió.

La carrera por los metales se quedó entre argentinos, rusos y españoles. Curuchet y Pérez sumaron ocho puntos. Llaneras y Tauler siete, dos de ellos en el último suspiro. Los rusos con seis heredaron un bronce que sonaba a decepción.

Llaneras no da sensación alegrarse de sus éxitos. Besó a su mujer, sonrió, pero parece tan acostumbrado al triunfo que su rostro no denota sentimientos.

Cuando el pasado sábado ganó el oro en persecución se convirtió en el deportista español más laureado en unos Juegos. Ni siquiera lo sabía.

Entre tanto, el gimnasta Gervasio Deferr sumó una plata olímpica que le igualaba. Llaneras desempató hoy con un golpe de autoridad. De experiencia.

Difícil forma de acabar con mayor gloria una carrera deportiva. Por si no bastara con su rosario de medallas, de campeonatos, de triunfos, Llaneras añadió uno más. Quien ha sido ganador, se marcha como un triunfador.