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Los Lobos se cenan la FIL de Guadalajara a mordiscos de guitarra

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"Los besos que tu me diste mi amor/ son los que me están matando", cantaron anoche Los Lobos para casi despedir la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), en una velada salvaje con sabor a rock chicano y salpicada de blues.

Iconos de los Estados Unidos con raíz mexicana, animales del rock con treinta y cinco años de cacería y tres Grammys en sus mandíbulas, nadie como ellos para bajar a mordiscos el telón de la participación de honor de Los Ángeles en el certamen.

Los Lobos sacaron al aire libre su fusión de sonido rockabilly, blues y latino, con éxitos como "La pistola y el corazón", al que pertenecen los besos asesinos de los que se dolían.

En "El cascabel", son jarocho (típico de Veracruz), se desafiaron a sí mismos con la velocidad a la que eran capaces de rasguear las cuerdas; ganaron, según el infalible veredicto expulsado a gritos por los dos mil quinientos espectadores en la explanada de la feria.

No se olvidaron tampoco de "Anselma", ni de himnos mexicanos como "Volver, volver" y el revolucionario "Carabina 30.30".

De cuando en cuando, la banda, guiada en la oscuridad por un saxofón bien borracho de blues, inyectaba más adrenalina a sus guitarras para demostrar que les corre en abundancia por las venas.

Dos horas de concierto -con los consabidos elogios a la tierra que les acogía, la muy tequilera Jalisco- y, al tercer bis, flotaba ya en el ambiente el aroma de la última canción; artillería pesada que conjuraría la victoria final.

Forzando al máximo la guitarra, acelerando por encima del límite, explotó "La bamba"; y Los Lobos, con la mano en el lado izquierdo del pecho, se volvieron a guardar la música en el corazón, hasta la próxima vez.

Ponían así broche diamantino a la oferta artística de cine, arte y canciones que Los Ángeles trajo a la FIL, y que eclipsó parcialmente a su despliegue de literatura.

La FIL se clausura hoy, tras nueve días de fuerte intensidad narrativa y poética, cientos de actividades en torno a la palabra escrita y el paso suave de ilustres como el Nobel de las letras turco Orhan Pamuk y el escritor peruano Mario Vargas Llosa.

Casi dos mil editoriales, cientos de miles de personas y quinientos escritores han pasado por esta edición numero veintitrés de la FIL, donde Los Lobos mordieron con fuerza antes de que diera la medianoche.