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Lucrecia Martel vuelve a sugerir sin mostrar en "La mujer rubia"

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El Festival de Cine de Gijón rinde homenaje a una de las cineastas de mayor prestigio del emergente cine iberoamericano, la argentina Lucrecia Martel, por su particular manera de sugerir sin mostrar, un estilo que suscita división de opiniones, algo a lo que, según asegura a Efe, ya está acostumbrada.

Precisamente, esta capacidad es la que le ha valido a la directora, nacida en 1966 en la ciudad argentina de Salta, el elogio de compañeros de profesión, entre ellos Pedro Almodóvar, quien respalda a través de su productora El deseo el cine de quien ya es para muchos la renovadora de la cinematografía latinoamericana.

"Estas afirmaciones me parecen operaciones de prensa", explica por teléfono Martel, mientras añade tajante: "De nada le sirve a una película o a un autor estar a la cabeza o a los pies. Las películas se hacen para compartir y dialogar con el público, y no con la pretensión de renovar el cine".

Asimismo, la directora cree que esta manida renovación del cine iberoamericano no es suficiente para reforzar una industria que se encuentra en "una posición marginal" frente al dominio norteamericano de los canales de distribución y exhibición.

En 2001, "La ciénaga" fue premiada en los festivales de Berlín y Sundance y perfiló la particular visión de Martel, un universo de escasos diálogos y profundos silencios que tuvo continuidad en 2002 con "La niña santa" y que ahora se repite en "La mujer rubia", que se proyecta en Gijón y que llegará a los cines el próximo viernes.

En Cannes, la "falta de comprensión" -hubo aplausos y abucheos- fue la reacción común ante la historia de Verónica (María Onetto), una mujer de clase media alta que atropella algo o a alguien en una carretera secundaria y decide huir sin comprobar qué ha pasado.

A partir de este suceso, Martel propone un recorrido por las emociones de una protagonista en aparente estado de shock que observa cómo su familia teje una trama para encubrir un posible crimen del que no tienen certeza.

"Es cierto que yo tengo sueños en los que mato a alguien, pero esta película no es la historia de ese sueño", aclara Martel, quien no cree que sus películas puedan ser tildadas de "difíciles". "No siento que el espectador tenga que hacer un esfuerzo particular, con que sea un espectador sin prejuicios y entregado es suficiente", aclara.

En "La mujer rubia" -cuyo título original, "La mujer sin cabeza", tuvo que cambiarse por coincidir con el de otro filme-, la acción parece estar fuera de plano, un plano en el que los personajes callan más que hablan pues "el ser humano nunca dice con exactitud y de manera directa lo que le pasa o lo que desean"

La actriz encargada de dar vida a esta mujer, de apariencia frágil, pero "muy hábil para dejar actuar a los demás" -puntualiza la realizadora- es María Onetto, una intérprete curtida en el circuito teatral alternativo de Argentina que atrajo a Martel por "la manera misteriosa de abordar sus personajes".

Junto a ella, figura un reparto de actores profesionales y no profesionales que recrean el día a día de Verónica y su familia, en el que "los rasgos regionales" no convierten en "críptica" la cinta.

"Que la clase media se encubre a sí misma y que la justicia funciona por clases pasa en todos los países", resalta Martel.

En el Festival Internacional de Cine de Gijón -que finaliza el día 29- se proyectarán los tres largometrajes de la directora así como su cortometraje "Rey muerto" (1995), algo que, además de hacerla sentir más vieja, supone un "orgullo".

En cuanto a las reacciones, Martel lo tiene claro: "las películas son como las personas. Hay personas que son muy buenas y nos caen mal, y personas que son espantosas y nos caen bien".